Ellen Goodman

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Ellen Goodman – Boston. Puede que debamos una disculpa a los médicos que realizaron el anuncio del alumbramiento con tanto entusiasmo y orgullo. El parto de ocho bebés en cinco minutos fue, respiraban aliviados, “sorprendente.? La mamá era “increíblemente valiente.? En conclusión, fue “un día muy emocionante,” una hazaña por la que el equipo médico de cuarenta y seis miembros del hospital californiano esperaba alabanzas y elogios.

Pero en lugar de sonrisas, vieron sorpresa. La atención pasaba de los médicos a la madre, de su valentía a ser juzgada, del éxito médico de este equipo de neonatología a los fallos éticos del tratamiento de fertilidad.

Resultó que Nadya Suleman tenía ya seis hijos en casa. Los catorce vástagos Suleman no tienen padre, tienen donante de esperma. Al parecer todos fueron concebidos por fertilización in vitro implantados presumiblemente en grupo los últimos ocho. Para rematar la faena, su madre no tiene trabajo. Y su familia se declaraba recientemente en bancarrota.

Antes de abandonar el hospital, antes de que los bebés abandonaran cuidados intensivos, todo el país había pasado del ánimo “qué pasada” al “¿estás de broma?? Todos los temas de los que en realidad no queremos hablar en términos de embarazo y paternidad -estado civil, dinero, libertad de elección, responsabilidad y tecnología- habían conjurado en el escándalo y los comentarios del parto múltiple de Nadya Suleman.

¿Tiene alguien derecho a decir a los demás cuántos hijos tener? ¿Debe tener descendencia exclusivamente la gente con los medios para mantenerla? ¿Tiene usted que tener marido para tener un bebé? Estas son las preguntas que nos hacen sentir incómodos cuando hablamos del modelo familiar de toda la vida. Pero adoptan un nuevo matiz en el salvaje oeste sin regular de la tecnología de la reproducción.

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¿Tenemos que repasar exactamente lo sucedido desde que Baby Louise saliera de una placa de Petri y la reproducción se convirtió en el negocio familiar? A estas alturas hay decenas de miles de niños sanos que nacen cada año gracias a medicinas para la fertilidad y fertilización in vitro para la delicia de sus familias.

Los médicos de la reproducción no dicen no -ni deberían- a las pacientes solteras o los homosexuales o a aquellos que ya tienen hijos. Los médicos no realizan visitas a domicilio ni evaluaciones psicológicas ni perfiles socioeconómicos de los pacientes que quieren tener hijos. A lo más, los médicos hacen lo que el experto en bioética Arthur Caplan llama “la biopsia de la cartera” para ver si los padres pueden pagar las facturas.

Somos mucho más rigurosos en el proceso de adopción o acogida que en los tratamientos reproductivos. Pero ¿debe haber límites?

La madre de Suleman describe ahora por doquier a su hija como “obsesionada con los hijos,” y le gustaría que hubiera elegido ser profesora de guardería. Pero resulta que puedes tener seis hijos y seguir recibiendo tratamiento por “infertilidad.? Y aquí es donde llegamos al meollo de la cuestión, resulta que no existe ninguna ley en este país que limite la cifra de embriones que pueden implantarse por cada matriz.

Como dice la especialista en bioética Lori Andrews, “El cuerpo de la mujer no es lo bastante grande para servir de litera.? Si, como nos han dicho hasta ahora, a Nadya Suleman le fueron implantados ocho embriones apartados de sus tratamientos anteriores, es algo equiparable a la negligencia. Si quiso apartar los ocho sabiendo que podía negarse a llevar a puerto algunos, es más madre disfuncional.

Ellen Goodman

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