E. Robinson

Premio Pulitzer 2009, Catedrático Neiman de Periodismo en Harvard y Editor de la sección Exterior del Washington Post.

 

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[Washington Post – Radiocable.com] “Confianza puede ser una palabra de nueve letras como cualquier otra. La opinión pública norteamericana parece haberse convertido en un Arma de Sospecha Masiva, y no es difícil entender el motivo. Pero los que explotan la desconfianza, el descontento o la indignación para sacar réditos políticos harían bien en preocuparse de los daños colaterales.

El exagerado fenómeno de las protestas fiscales tiene más de simbolismo y de lonja que otra cosa. Un “movimiento” que engloba a fanáticos de las armas, detractores fiscales, incondicionales del patrón oro, a Sarah Palin, a lobistas de las aseguradoras, a “constitucionalistas” que no se han leído la Constitución, beneficiarios de Medicare contrarios a la salud pública, dementes “birthers” que afirman que el Presidente Obama nació en otro país, un contingente de racistas descarados (seamos serios de una vez) y un puñado de políticos buscadores profesionales de rentas que se hacen pasar por “profanos” no constituye una fuerza intelectual coherente ni política.

Pero las personas que no entrarían ni muertas en una concentración de detractores de la política fiscal han perdido la confianza en las instituciones relevantes que se supone trabajan en interés del público – con mucha razón. Basta con mirar los titulares.

Obviamente no hay ninguna razón para confiar en Wall Street. Teóricamente, la única razón para que exista el sistema financiero es el interés de la economía – y del pueblo estadounidense – en canalizar el capital para su mejor y más rentable uso. Los cargos presentados la semana pasada contra Goldman Sachs ilustran el grado al que los preceptos del capitalismo han dado la espalda a los financieros convencidos de que la economía existe para servirles a ellos.

La instrucción afirma, básicamente, que John Paulson, un magnate de los fondos de protección que quiso hacer una apuesta multimillonaria a que el mercado inmobiliario colapsaría, convenció a Goldman de acorralar a los sensibleros que apostarían lo contrario. La operación habría sido después manipulada para que Paulson ganara su apuesta casi seguro, como fue el caso. Goldman niega las acusaciones de fraude y dice que, en cualquier caso, perdió dinero en la transacción.

Dejemos a un lado por el momento si las acciones de Goldman entran justo dentro o fuera de la línea de lo legal. ¿Qué valor social redentor revestía la transacción? ¿Cómo beneficia a alguien la invención de la “obligación sintética de deuda colateralizada”, a excepción de los corredores generosamente remunerados de Goldman y el escandalosamente compensado John Paulson? ¿Es esto el sistema en el que debemos confiar el resto de nosotros?

Otra noticia que tardará en olvidarse es el escándalo de pedofilia de la Iglesia Católica Romana. El domingo, durante una visita a Malta, el Papa Benedicto XVI oró con ocho adultos víctimas de abusos sexuales infantiles cometidos por sacerdotes y expresó al parecer su “vergüenza y dolor”. Pero prácticamente a diario surgen nuevas revelaciones de sacerdotes pederastas trasladados a otras parroquias en lugar de ser expulsados y denunciados a las autoridades.

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Una encuesta de CNN muestra que el 56 por ciento de los católicos estadounidenses desaprueban la gestión que Benedicto XVI ha hecho de la crisis. Se cuestiona incluso el juicio del Vicario de Cristo.

Tal vez lo más sorprendente de todo sea un nuevo sondeo de Pew Research Center que muestra que la confianza de la opinión pública en el gobierno federal ha caído en picado. Sólo el 22 por ciento de los estadounidenses dice confiar en el gobierno todas o la mayoría de las veces, concluye Pew. Sólo el 19 por ciento de los encuestados dice estar “básicamente satisfecho” con el gobierno, mientras que el 56 por ciento está “frustrado” y otro 21 por ciento se define “indignado”.

Según la encuesta de Pew, los estadounidenses tienen opiniones negativas de muchas grandes instituciones – bancos y empresas financieras, el Congreso, las grandes empresas, los medios de comunicación nacionales, las agencias federales, la industria del ocio, los sindicatos. El país todavía tiene una visión positiva de politécnicos y universidades, las iglesias, la pequeña empresa y las empresas tecnológicas. Los encuestados se dividieron uniformemente en la administración Obama, con el 45 por ciento positivo y el 45 por ciento negativo. Dado el clima actual, el presidente podría tener la tentación de anunciar una victoria moral.

Hay algunas contradicciones en las conclusiones de Pew. Los estadounidenses creen firmemente que “más control del gobierno sobre la economía” es una mala idea. Pero por un margen mucho mayor, piensan que “una regulación más estricta de las financieras” es una buena idea. Esta es la aguja que el Congreso – con el mínimo del 25 por ciento de aprobación a su labor – trata de enhebrar.

Los Republicanos han fomentado activamente esta oleada de desconfianza bajo la teoría de que es malo para los titulares, léase los Demócratas. De hecho, la aprobación del Partido Demócrata ha caído al 38 por ciento. El problema es que la aprobación del Partido Republicano también se ha reducido – al 37 por ciento.

La moraleja aquí, para los arriesgados estrategas del Partido Republicano, es la de los que escupen al cielo.

Eugene Robinson
Premio Pulitzer 2009 al comentario político.
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