E. Robinson

Premio Pulitzer 2009, Catedrático Neiman de Periodismo en Harvard y Editor de la sección Exterior del Washington Post.

 

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Eugene Robinson-Washington. A pesar de sus bravatas de hacer de Barack Obama un presidente de una única legislatura, los Republicanos preparan lo que parece un elenco de candidatos notablemente tibio de cara a las elecciones de 2012 – un raro surtido de gente anodina sin posibilidades de salir elegida.

En parte, esto refleja un saludable respeto a las formidables habilidades políticas de Obama. Si es probable que Obama gane de todas formas, como razonan algunos detractores, ¿por qué dedicar todo el tiempo y los recursos a una campaña sólo para acabar pronunciando un discurso de reconocimiento de la derrota? ¿Por qué no esperar a 2016, cuando las perspectivas parecen más halagüeñas?

Aun así, no está del todo claro el aspecto que tendrá el paisaje político y económico el año que viene. La recuperación se podría estancar, el paro podría seguir inaceptablemente alto, y las recientes elecciones demuestran que el electorado es por encima de todo volátil. Diría que un Republicano con solera y atractivo podría dar un repaso a Obama.

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Si se puede encontrar un Republicano así.

Se sabe que el partido está confuso cuando el candidato potencial que se menciona con mayor frecuencia como favorito, Mitt Romney, es también considerado por muchos iniciados incapaz de alzarse realmente con la candidatura.

Romney lo tiene todo – reconocimiento, aspecto de presentador y pelo innegablemente presidencial. Su ideología se describe mejor como de conveniencia, lo que significa que no tendría reparos en desplazarse hacia el centro en unas generales.

Pero ¿cómo iba a llegar allí? Cuando era gobernador de Massachusetts, Romney diseñó e implantó una reforma sanitaria que sirvió de modelo al sistema que los Republicanos han demonizado como Obamacare. La obligatoriedad universal de contratar un seguro que los Republicanos llaman ataque a la libertad está sacada directamente del Romneycare. Es difícil imaginar la forma en que Romney puede explicar esto a los votantes Republicanos de las primarias, de no afirmar que la obligatoriedad es la labor de su hermano gemelo perverso.

Sarah Palin es la candidata potencial Republicana con más carisma y dinamismo — y también la que más celebrarían, tal vez, los Demócratas. Su popularidad entre los votantes Republicanos de derechas, que participaron con fuerza en las primarias, es innegable. No está claro, sin embargo, que tenga el deseo y la disciplina necesarios para protagonizar una campaña con éxito por la candidatura. Tampoco está claro cómo saldría parada bajo el tipo de escrutinio mediático agresivo que ahora está evitando refugiándose en los receptivos confines de Facebook, Twitter y Fox News.

Pero imaginemos que Palin se alza con la candidatura. Es tan impopular entre los independientes y los Demócratas que los sondeos recientes la sitúan perdiendo frente a Obama por lo que podría ser un margen histórico. Según una encuesta reciente de Public Policy Polling, va por detrás de Obama hasta en mi estado natal de Carolina del Sur, que es un baluarte Republicano tan seguro como cabría imaginar.

El ex presidente de la Cámara Newt Gingrich sigue metiendo ruido con la idea de presentarse, y desde luego actúa como si estuviera de campaña. También él lo pasaría mal ganando en Carolina del Sur, según el sondeo de Public Policy. Más importante, sin embargo, es que por naturaleza Gingrich es un pirómano retórico – un divisor, no un unificador. Asustaría a los niños, junto a los independientes de los barrios residenciales que los Republicanos tienen que convencer para ganar la Casa Blanca.

Mike Huckabee, en la actualidad, es más figura mediática que otra cosa. Comprende que los estadounidenses necesitan escuchar un mensaje positivo, no sólo datos pesimistas. Tendría ciertos problemas en las primarias, sin embargo, por el pecado de manifestar pragmatismo siendo Gobernador de Arkansas.

El Gobernador de Mississippi Haley Barbour es un político inteligente y experimentado que sigue perjudicándose adoptando una visión histórica ofensiva y revisionista de las relaciones raciales en el Sur. Dudo que a la mayoría de los estadounidenses les interese volver a librar la Guerra Civil.

¿El exgobernador de Minnesota Tim Pawlenty? ¿El Gobernador de Indiana Mitch Daniels? Cada uno encontraría la forma de destacar — y francamente, ninguno de los dos tiene un talento político que rivalice con el de Obama.

Dice mucho del bando Republicano que el ganador del sondeo de la Conferencia de Acción Política Conservadora fuera el congresista de Texas Ron Paul, que prevé la reducción del gobierno federal a unas pocas oficinistas escribiendo con plumas de ave en hojas de pergamino. Dice aún más que la aparición que despertó más entusiasmo en el CPAC fuera la de Donald Trump, cuyo coqueteo con la política nacional recuerda más a un especial de “El aprendiz”.

Obama sería imprudente dando las cosas por sentadas. Las circunstancias pueden cambiar; puede surgir un rival formidable. Pero en este extremo, es de imaginar que el presidente no está precisamente echándose a temblar.

Eugene Robinson
Premio Pulitzer 2009 al comentario político.
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