E. Robinson

Premio Pulitzer 2009, Catedrático Neiman de Periodismo en Harvard y Editor de la sección Exterior del Washington Post.

 

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Eugene Robinson – Washington. La justicia poética es algo hermoso. Todos los jerifaltes del Partido Republicano estaban listos para usar a Michael Steele de la manera más cínica. Ahora está cada vez más claro que Steele ha estado utilizando a los usuarios todo el tiempo.Los Republicanos deben haber pensado que elegir a Steele como su secretario nacional fue un golpe brillante. Las presidenciales de 2008 habían sido un desastre para ellos. El Partido Demócrata estaba en la cima del mundo, con el primer presidente afroamericano jurando el cargo en medio de un torrente nacional de buena disposición. Entre el mediocre panorama de contendientes al puesto de secretario – en esas circunstancias, después de todo, ¿quién lo quiere? – había una opción interesante. ¿Por qué no empezar el proceso de maquillado y reforma instaurando al primer secretario afroamericano del país?

Steele era tranquilo y carismático. Fue eficaz en televisión, al estilo sueco, y evidentemente le encantó ser el centro de atención. Los afroamericanos, los latinos y los asiáticos habían rechazado al partido en cifras históricas, y los inteligentes estrategas Republicanos entendieron las implicaciones a largo plazo de permitir que el Partido Republicano sea encasillado como algo casi exclusivamente blanco y del Sur. Con Steele, la cara del partido a una nación cada vez más diversa sería notablemente diferente. También sería fraudulenta, pero bueno, esto es política.

Por ahora, sin embargo, está claro que Steele tenía una agenda propia.

No parece raro que el secretario del Partido Republicano publique un nuevo libro titulado “En un momento: un programa de 12 pasos para derrotar la agenda Obama”. Pero fue extraño – y enfurecedor, para algunos funcionarios Republicanos – que Steele soltara este proyecto sobre el partido sin molestarse en decir a alguien lo que se avecinaba. ¿Quién inventó estos 12 pasos? ¿Quién decidió que era buena idea anunciar este “programa” en nombre del partido? ¿Hubo una votación, una reunión, una nota por lo menos?

No. El libro sólo se suma a una recopilación que debería llamarse La Citas del Presidente Mike.

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Y la lista sigue creciendo. Durante una de la serie de entrevistas de televisión para promocionar el libro, Steele opinaba que el partido no tenía ninguna posibilidad de recuperar el control de la Cámara en las elecciones legislativas de este año. Esta nota de pesimismo – probablemente cierta, pero incapaz de motivar a los activistas del Partido Republicano y los donantes – provocó el malestar de los Republicanos del Capitolio. El Washington Post informaba que durante una llamada, una fuente identificada como “un importante asesor del Congreso” dijo a los miembros del gabinete de Steele: “Tenéis que encontrar la forma de pararle. Es demasiado”.

Pero el secretario Mike no para. Su respuesta: “Despedidme. Pero hasta entonces, a callarse. Asumid el programa o haceos a un lado”.

El libro y sus consecuencias son sólo la controversia más reciente de Steele. Hace unas semanas, dos ex secretarios del partido tomaron la inusual medida de hacer públicas sus críticas cuando se supo que Steele, que recibe 224.000 dólares al año del comité del partido, también ha estado dando conferencias al precio de 20.000 dólares el discurso. En noviembre, cuando los candidatos Republicanos ganaron las gobernaciones de Virginia y Nueva Jersey, Steele reclamó el mérito de las victorias, como si todo hubiera sido gracias a él. “Asumamos la postura Heisman”, decía en “MSNBC Morning Joe” mientras él, de hecho, asumía la pose del trofeo Heisman. “Ya está. Ese es mi momento”.

Si los críticos de Steele se sorprenden al descubrir que es un incansable adicto al autobombo, deberían haberse molestado en comprobar sus antecedentes. Apoyándose en un mandato como vicegobernador de Maryland y una campaña al Senado fracasada – la mayoría de sus anuncios de televisión no mencionaban el hecho de que es Republicano – se ha convertido en una figura nacional. El partido debería haber sabido que no estaba nombrando un secretario que fuera a callarse, quedarse en una esquina y esperar a ser sacado a relucir cuando surgiera el tema de la diversidad.

No importa el humo que puedan echar los detractores de Steele en la dirección del Partido Republicano, es poco probable que el partido prescinda de él a corto plazo. La “óptica” de despedir al primer secretario afroamericano tan rápido sería terrible. Y aunque los cuchillos puedan volar en Washington, es mucho más popular entre los funcionarios Republicanos fuera de la capital.

¿Y por qué no? El partido, moribundo cuando Steele se hizo cargo, ha registrado un excelente ciclo de recaudación, ingresando 80 millones. Limpió la sede de la secretaría, despidiendo al personal complaciente. ?l pone el acento en los líderes estatales del partido que hace tiempo fueron olvidados. Los descontentos dentro del Partido Republicano probablemente no tengan otra que aguantarle.

A mi me cae bien. Un buen figurante es muy difícil de encontrar.

Eugene Robinson
Premio Pulitzer 2009 al comentario político.
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