Richard Cohen

Columnista en la página editorial del Washington Post desde 1984.

 

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Richard Cohen – Washington. Si, como dice el refrán, lo perfecto es enemigo de lo bueno, entonces Barack Obama es su propio peor enemigo. Eso queda claro en el próximo documental de la HBO “Por el pueblo: La elección de Barack Obama”, que es el producto de muchos meses de acceso a Obama entre las bambalinas de la campaña presidencial. Revela – se sorprenderá de saber – que Barack Obama está muy cerca de ser la persona más perfecta que nunca llegará a conocer.

Esto es lo que no hace durante el curso de las campañas electorales de las primarias y las generales: No pierde los estribos. No maldice. No se le van los ojos detrás de alguna mujer ni echa miradas furtivas. No se viste de manera descuidada. Está siempre tranquilo y siempre de buen humor y sus sentimientos sólo afloraron en una ocasión — el día en que su abuela, Madelyn Dunham, la mujer que en la práctica le educó, falleció en Hawai. En un acto de campaña en Carolina del Norte expresó su amor y gratitud. Lloró y, al verlo, yo también.

También lloré muy al final del documental cuando los afroamericanos congregados en uno de los actos de campaña finales lloran ante la inminencia o la realidad de su victoria. Pero la noche de elecciones en este documental es anti-climática – una figura pálida y contenida de la emoción. Por lo general, una imagen vale más que mil palabras. Estas imágenes, salidas sobre todo de los ayudantes más próximos a Obama, no tienen nada que decir. Si estos ayudantes tienen algún sentido de la historia, está por verse aún.

Lo llamativo de este vistazo al interior de Obama es la forma en la que entrar no te lleva a ninguna parte. Es prácticamente lo mismo que estar fuera. Lo que también llama la atención en esta película es su ausencia de trama. Obama siempre brilla, siempre va a ganar y siempre gana. Su problema, por así llamarlo, es él mismo. Es algo nuevo, algo joven, algo birracial y algo negro, pero no es algo de un grupo político o ideológico. Es adorado por sus seguidores – las directoras de la cinta, Amy Rice y Alicia Sams, incluidas – no por algo que haya hecho, sino por algo que es. Hasta la fecha, esa ha sido la debilidad de la presidencia de Obama.

La total ausencia por parte de Obama de un electorado por acción — en contraste con un electorado de asociación — le está pasando factura. La izquierda política es mordaz porque no puede estar segura de que él sea uno de los suyos. La derecha también es mordaz pero sólo porque sabe que Obama no es uno de ellos. ?l no comulga con los sindicatos — no comulga con nada — y el electorado judío ya tiene sus dudas.

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En una película convencional, el héroe tiene que cambiar. Tiene que suceder algo – el momento en que el personaje verdadero sale a la luz. Puede que pierda a la chica y tenga que recuperarla. En política sucede algo parecido. Tienes que tener tu torpedo PT 109, tu Amanecer en Campobello, tu paseo por la playa con Billy Graham, tu epifanía en el combate de Vietnam, tu infancia en la pobreza, tu familia de agricultores del cacahuete, tu trabajo en las misiones del extranjero, tu tienda de barrio que va a la quiebra.

Obama tiene esos momentos – abandonado por su padre, birracial en un mundo que prefiere las cosas claras, educado en Indonesia — pero no se citan como sucesos que cambian una vida. Ninguno de ellos, en todo caso, es objeto de mucha atención en el documental. Hasta las amargas primarias contra Hillary Clinton – todas esas cosas desagradables sobre raza y Bill Clinton, de entre todo el mundo, acusado de jugar la baza racial — podrían haberle pasado a cualquier hijo de vecino. Obama observa su propia vida. ?l no es un participante. Llama a Hillary para felicitarla por lograr algunas victorias insignificantes. ??Hasta luego”, dice sin amargura mientras cuelga el teléfono. Podría haber estado hablando con cualquiera.

¿Algo de esto importa, o es simplemente interesante — temas para que un columnista eluda hablar de Afganistán otra semana más? No estoy seguro. Si Obama vence la peor recesión desde la Gran Depresión, si promulga la reforma sanitaria, si triunfa en Afganistán, entonces su presidencia habrá sido notable, puede que incluso genial — el triunfo de la inteligencia. El hombre será su propio movimiento.

Pero si fracasa en todo o casi todo eso, será porque ser la persona más avispada no basta. La humanidad y el compromiso también importan — una sensación imperativa de convicción, el efusivo abrazo de las causas y no sólo las cuestiones. Eso no es algo que Obama haya demostrado tener aún. Mire la película.

Richard Cohen
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