Richard Cohen

Columnista en la página editorial del Washington Post desde 1984.

 

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Richard Cohen – Washington. No me sorprendió (casi) nada que los empleados japoneses de servicios permanecieran en su arruinada y muy tóxica central nuclear aún a riesgo de perder la vida. No sorprendió (casi) nada tampoco que en medio del caos del terremoto y el posterior tsunami, no se informara de episodios de saqueo generalizado. Japón constituye una única comunidad enorme, un grupo étnico mayoritariamente único, y las presiones sociales son acusadas. Un país, como un individuo, tiene una cultura.

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?ste es el motivo de que siempre resultara tan impactante que Israel fuera acusado de atacar deliberadamente a civiles durante su brutal conflicto 2008-09 con Hamás. Esa acusación figuraba en un informe remitido a las Naciones Unidas por Richard Goldstone, un destacado magistrado sudafricano al que con anterioridad había recurrido la comunidad internacional para investigar crímenes de guerra. Que Goldstone fuera también judío y sionista hacía aún más contundente la acusación — nadie le podría acusar de ser un fanático enemigo de Israel ni un antisemita. La cultura de Israel no era claramente lo que decía ser.

Ahora, sin embargo, Goldstone se ha retractado de sus conclusiones. Ya no está convencido de que Israel atacó intencionadamente a civiles durante la guerra de Gaza (aunque sigue convencido de que Hamás sí lo hizo) y dice que cualquier muerte fue involuntaria — la confusión usual del conflicto, la decisión usual tomada presa del pánico, los errores de costumbre. Para Israel, es como si el gobernador hubiera llamado al alcaide — ha sido indultado y se ha salvado del corredor de la muerte. Abra la celda.

Una vez más, se disparan misiles contra el sur de Israel desde Gaza, alcanzando algunos de ellos la costa hasta Ashkelón nada menos, un importante núcleo urbano y portuario. Antes de la guerra más reciente, 4.246 misiles y 4.180 proyectiles de mortero fueron disparados contra Israel, matando a 14 israelíes e hiriendo de gravedad a más de 400. Los proyectiles balísticos han sido mejorados desde entonces. Si alguno más del proyectil ocasional alcanza Ashkelón (uno estuvo cerca el lunes) o si uno de ellos cae sobre una escuela, otra guerra con Hamás daría comienzo al poco tiempo. Israel ya ha respondido, pero sin fuerza. Además, una familia de colonos de cinco miembros fue asesinada hace poco en Cisjordania en su domicilio a manos de lo que universalmente se consideran palestinos. También esto ha puesto a Israel contra las cuerdas.

La situación en Gaza es compleja. Hamás está teniendo graves dificultades al parecer para poner orden entre sus elementos más radicales que quieren atacar inmediatamente Israel. Al menos por el momento, Hamás preferiría que no lo hicieran. La región ya es lo bastante inestable tal como está. Un pequeño conflicto árabe-israelí se descontrolaría muy rápido, al no tener ya los gobiernos árabes un control tan firme (o haber perdido el poder por completo) y ser reacios o incapaces de aplacar a los elementos que aspiran a ajustar cuentas con Israel. Podrían avecinarse malos tiempos.

Por el momento, Goldstone es elogiado y puesto a caldo en Israel en la misma medida. Es condenado por lo que escribió antes, y aclamado por retractarse. Pero Goldstone no viene al caso – es un síntoma de algo mucho mayor. El mero hecho de que su informe fuera aceptado en gran parte del mundo da fe de lo mucho que la posición moral de Israel se ha erosionado. (También ha llevado a incontables israelíes entre otros a llegar a la conclusión de que van a ser condenados cuando hagan algo mal e igualmente condenados cuando hagan lo correcto). Gran parte del mundo creyó que Israel mataba civiles a propósito.

No discuto que Israel no es perfecto. Sigue intimidando a los palestinos de Cisjordania, y puedo citar las contadas aldeas en las que soldados israelíes mataron árabes durante el periodo 1947-1948. Pero era una guerra civil — ¿quiere compararla con la nuestra? — y los crímenes de guerra distaban mucho de ser sucesos extraordinarios. Los americanos cometieron crímenes de guerra en My Lai y ahora en Afganistán e Irak. Mi antigua dimisión, la gloriosa 42, fue acusada de asesinar a prisioneros de guerra alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Nunca, sin embargo, pensaría que algo de esto fue política nacional ni estrategia de guerra. Sé que mi país no hace eso. Nosotros no hacemos cosas así y, si llega a suceder, no lo toleramos.

Como reconoce Goldstone, Israel ha examinando cada acusación de crímenes de guerra — episodio a episodio. Algunos soldados han sido realmente castigados porque sucedieron unas cosas desagradables. Pero en conjunto Israel suscribe una moralidad que todos reconocemos y admiramos — y que sus enemigos, Hamás en particular, no practican. Los que se apuntaron alegremente al informe Goldstone tienen ahora que preguntarse el motivo. Puede que odien la respuesta.

Richard Cohen
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