El síndrome de “aquí aparco por narices” más el síndrome de “cómo es posible que yo no sea el Rey de España” suman el también poco conocido (por este nombre) síndrome de “yo lo sé todo y en cuanto pueda me vais a oír”. 

Estas enfermedades no tienen ninguna peligrosidad para los demás excepto que se mande algo. Es decir, maltratadores, jefes, políticos, y fuerzas de seguridad varias. 

Síndrome de “aquí aparco por narices”: dícese de ver la columna, chocarse e insistir; también referido al completo convencimiento de que lo que pensamos es más real que la realidad misma. Suele terminar odiando las columnas. Se cura volviendo a la autoescuela. 

Síndrome de “cómo es posible que yo no sea el Rey de España”: dícese de levantarse por la mañana y sorprenderse, una vez más, de que sigamos sin ser el Jefe. Suele terminar en paro. Se cura aceptando quién uno es, y volviendo a la autoescuela. 

Síndrome de “yo lo sé todo y en cuanto pueda me vais a oír”: dícese del fascismo. No se cura.

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