La tendencia a etiquetar a las personas en función de su atuendo tiene a veces extraños vacios, lagunas en la observación. Echemos un vistazo a la iconografía aspectual del enemigo (termino que desde luego no deja de ser parte de este imaginario).

¿No es cierto que todos recordamos el aspecto de un soldado nazi de la segunda guerra mundial? También podemos recordar sin mucho esfuerzo la imagen (más cinematográfica que otra cosa, y eso también es parte del mismo fenómeno) del soldado del Vietcong. Por poner un último ejemplo, que quizás necesite de más esfuerzo, del solado Serbio.

Ahora bien ¿qué aspecto tiene el combatiente insurgente iraquí? Quizás ninguno en especial, por no ser un soldado regular. Quizás chilaba, pañuelo palestino y AK-47. Quizás vaqueros, camisa por fuera, gafas de sol, y cinturón de explosivos… O lo más me inquieta, pues cabe la pregunta, quizás este tipo en realidad no existe, y lo que pasa en Irak es un auténtico misterio logístico.