En Irak nada es tan simple como parece. Se habla continuamente de los enfrentamientos entre suníes y chiíes y poco se dice de los combates entre grupos de mafias con ansias de poder o entre sectores pertenecientes a una misma confesión religiosa (por ejemplo, grupos suníes contra Al Qaeda- que es una organización terrorista suní- o chiíes contra chiíes).

Desde hace unos meses luchan en el sur diversas facciones chiíes. Se han registrado combates entre los milicianos seguidores del clérigo chií Al Sáder y las brigadas Al Báder, brazo armado del Consejo Supremo Islámico, liderado por el clérigo chií Al Hakim. El primero cuenta con el apoyo popular de las clases más bajas y desfavorecidas. Se opone al proyecto de un Irak federal y se ha mostrado contrario a la ocupación estadounidense. El segundo es partidario del federalismo, tras la invasión obtuvo de inmediato un puesto de importancia en el gobierno provisional gestionado por los ocupantes y a día de hoy es un aliado clave del Gobierno del primer ministro Al Maliki. También mantiene lazos con Irán, país donde vivió todo su exilio (su ala militar luchó junto a las tropas iraníes en la guerra entre Irán e Irak). Al Hakim es un paradigma de las paradojas de Irak: Es cercano a Washington (Bush lo recibió en la Casa Blanca en diciembre de 2006) y mantiene estrechos vínculos con Teherán. De hecho, ha sido uno de los impulsores de las conversaciones mantenidas entre Estados Unidos e Irán en los últimos meses.

Hay un tercer grupo chií, Al Fadhila, que también cuenta con sus propias milicias, y que a pesar de ser menor, controla el gobierno provincial y tiene numerosos seguidores entre los trabajadores de la industria petrolera.

Todas las facciones luchan por el control del petróleo. Y es que desde la región sureña de Basora se exportan diariamente 1,54 millones de barriles de petróleo, lo que supone el noventa por ciento de las exportaciones del crudo iraquí. También desde Basora se practica a diario el contrabando de todo tipo de mercancías, incluido el petróleo. Es por tanto una zona donde confluyen los intereses de múltiples actores internos y externos, porque también los extranjeros juegan sus cartas en Irak.

Ayer entró en escena el Gobierno central. El primer ministro Nuri Al Maliki ordenó a sus Fuerzas Armadas lanzar una operación militar contra la milicia del clérigo Al Sáder. Los combates han dejado ya decenas de muertos. Y las revueltas en apoyo a Al Sáder se han extendido a otros puntos de Irak. Si el clérigo chií opta finalmente por llamar a la desobediencia civil estaremos ante un nuevo capítulo sangriento de la historia del Irak ocupado del siglo XXI.