Un artículo en el diario británico que firma Gideon Rachman considera que el plan del BCE para ayudar a España e Italia tiene serias implicaciones democráticas y podría provocar un auge de los extremismos políticos. También advierte contra el riesgo de una Alemania “poderosa y ofendida aislada en el centro de Europa”.

(Foto: Flickr/Fotero)

El Financial Times sostiene: “No son sólo los alemanes los que tienen motivos para sentirse nerviosos por las implicaciones democráticas de lo que el BCE ha hecho. Para tener acceso ilimitado al arsenal del BCE, los españoles o los italianos tendrían que estar de acuerdo en “entrar dentro de un programa” -que suena al desagradable tipo de condición que se establece para un drogadicto caprichoso-. En realidad, Madrid o Roma tendrían que aceptar la supervisión del FMI de sus presupuestos, dirigida desde Bruselas y Frankfurt. Tal pérdida, humillante y manifiesta, de soberanía nacional, combinada con una profunda recesión, sería la fórmula perfecta para llevar a los votantes a extremos políticos, como Grecia está demostrando.”

Apuntan que: “En la práctica, sin embargo, la crisis de la eurozona está polarizando cada vez más la política europea en las líneas nacionales. En Italia y España hay una suerte de postura nacional ??en la que se unen los partidos de izquierdas y de derechas- contra las políticas alemanas, consideradas arrogantes y egocéntricas. No obstante, en Alemania la izquierda y la derecha coinciden en que la austeridad en Europa del Sur debe ser el precio de los rescates.”

Y añade: “Hay muchas cosas que deben funcionar simultáneamente para que el plan de Draghi funcione. Es mucho más probable durante el próximo año crezcan la desdicha económica y política en Europa ??mientras Alemania entra en recesión y España e Italia (por no hablar de Grecia) se enfrentan a una austeridad cada vez más profunda. La idea central del proyecto europeo nunca fue dejar a una poderosa y ofendida Alemania aislada en el centro de Europa. Ahora estamos peligrosamente cerca de ese punto.”

[Leer el artículo completo en The Financial Times]

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