Hace muchos, muchos años, en el siglo pasado un grupo de amigos estuvimos a punto de volvernos alcohólicos. ?ramos jóvenes que  de distintas maneras y por distintos medios queríamos un mundo mejor y más libre pero? Sí, que sí, que había un enano  ¡que no nos dejaba en paz!. Era un amargao, intransigente, cruel, fanático que quería que todos fuéramos como él, pensáramos como él, actuáramos como él, rezáramos como él… A nosotros no nos gustaba nada y queríamos que se fuera, pero  a la mínima  mandaba a su policía, que en aquella época era tan gris como el país , para que nos disolviera, o nos detuviera, o nos amenazara, o nos pegara, o nos matara. Pero un día llegó la gran noticia, el enano tras unos días malito había muerto de indigestión.  Salimos a la calle y llenos de alegría festejamos la libertad pero? Sí, que sí, que era mentira. En pocos días murió y resucito varias veces y las botellas salían y entraban con la misma frecuencia de las neveras. Pero llego un día como hoy en el que por fin el cielo se cubrió de colores y las neveras se quedaron vacías de burbujas y hielo. La libertad siempre merece un brindis, chinchin. Por eso hoy puede ser un gran día