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Fernando Berlín, el autor de este blog, es director de radiocable.com y participa en diversos medios de comunicación españoles.¿Quien soy?english edition.

Dice Bush en las memorias que se sintió como un “disidente” entre los suyos cuando se puso sobre la mesa del Despacho Oval laminar al Irak de Saddam. Debemos deducir que si su postura era la moderada, la de su equipo debía ser apocalíptica. Tuvimos suerte entonces.

Intenta insinuar que acudió a Oriente Medio a regañadientes. Huye ahora como un conejo aunque su declaración es tan sorprendente que deja a José María Aznar postrado como el único visionario del trio de las Azores que acudió convencido a patrocinar el salvaje evento.

Lo de visionario lo dijo Bush, lo otro es una aportación basada en las declaraciones del expresidente del PP que siempre se mostró decidido al aplastamiento del antes aliado Saddam. Un visionario es así, alguien que tiene una visión, sí, o que ve visiones. Nos falta por saber en qué categoría encaja .

Otra de las declaraciones, del otro expresidente :

“Por supuesto”, respondió Bush a la CIA cuando se le preguntó si daba su autorización para practicar el tristemente conocido como waterboarding (ahogamiento simulado) sobre el detenido paquistaní Jaled Sheik Mohamed, cerebro de los ataques del 11 de septiembre de 2001.”Esos interrogatorios ayudaron a desbaratar planes para atacar instalaciones de la diplomacia norteamericana y otros objetivos dentro de EE UU”,

Bush invoca en sus memorias la tortura como medio para mantener la seguridad. Una purilidad naïf, como recordó el diputado conservador británico David Davies:

“La gente torturada te dice lo que quieres oír”, […]  “además de ser inmoral y de destruir nuestra reputación en el mundo”.

Pero Bush se pasa por el arco del triunfo de Bagdad la Convención contra la tortura de Naciones Unidas de 1984. Por eso Amnistía Internacional ha reclamado una investigación criminal contra él.

El expresidente trata de zafarse argumentando que sus asesores legales le explicaron que no quebrantaba ninguna ley. “Yo no soy abogado”, añade como defensa.

Pero la Convención contra la tortura de la ONU fue firmada por EE.UU cuatro años después de su nacimiento. En el 88 la signó Reagan, y en el 94 la ratificó Clinton y aunque toda la convención es digna de lectura, concretamente, el artículo 2 señala:

“En ningún caso podrán invocarse circunstancias excepcionales tales como estado de guerra o amenaza de guerra, inestabilidad política interna o cualquier otra emergencia pública como justificación de la tortura”.

Así que, o sus asesores legales no sabían leer, o dejaron esa misión encargada al peor Presidente de la historia de los Estados Unidos.

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