Ahora que termina el mandato de Bush todo el planeta se echa las manos a la cabeza por el legado que deja: la existencia de Guantánamo, el desastre de Irak, el fracaso en Afganistán… Ahora es políticamente correcto hacerlo: Los medios de comunicación enumeran las barbaridades de la Administración Bush, se publican libros sobre la errática política de Washington, se elaboran reportajes, y buena parte de los periodistas se apuntan a esta nueva tendencia, considerada al fin correcta. Es muy fácil criticar a un presidente que está a punto de dejar su cargo. Está muy bien que esto ocurra, pero es un poco tarde.

Deberíamos ser más autocríticos y recordar que buena parte de los medios de comunicación occidentales repitieron como loros la propaganda de la Administración Bush. Algunos diarios fueron tímidos a la hora de denunciar las torturas practicadas en algunas cárceles bajo mando estadounidense. Temían ser políticamente incorrectos. Otros justificaron en sus editoriales acciones militares ilegales. En medios españoles se llegó a decir, en mayo de 2003, que la guerra de Irak había sido rápida, limpia y exitosa, por ejemplo. Ya de por sí decir que una guerra es limpia es como asegurar que el agua es sólida. Pero en fin.

Algunos periodistas han entonado el mea culpa, y ya está. Se quedan tan frescos. Confiesan sus pecados y se sienten de nuevo inocentes.

 Hagamos un análisis profundo sobre la situación del periodismo y sobre qué ha pasado con la información en estos últimos ocho años. Y no olvidemos que además de Guantánamo sigue habiendo por el mundo cárceles secretas bajo mando estadounidense en las que se retiene a presos arrestados sin cargos y de manera arbitraria.

Estemos vigilantes con el nuevo tiempo que comienza en Estados Unidos. Obama representa esperanza para muchos, pero no nos engañemos demasiado: Vivimos épocas duras. Bush cruzó muchas líneas y al hacerlo, borró la huella de su trazo.

La prensa juega un papel de servicio público fundamental y como tal, debe empeñarse en colaborar en la recuperación de los derechos humanos perdidos en tantos lugares. Conozco a una periodista a la que un directivo de un medio le dijo en más de una ocasión que estaba obsesionada con Irak y el tema de las cárceles secretas. En boca de aquél jefe, era un reproche. Pero a mí me parece un elogio. Obsesionémonos con determinados asuntos. Falta hace.