La prensa internacional ha recogido tanto la decisión de la juez argentina de perseguir a torturadores españoles como la reclamación de Naciones Unidas que pide derogar la ley de amnistía y juzgar las desapariciones del franquismo.

La búsqueda de los desaparecidos en las cunetas, en fosas comunes se inicia en el año 2000 porque Emilio Silva, que buscaba a un familiar, decide emprender una lucha en solitario, sin ayuda de las administraciones.

Fue el propio Emilio Silva el que dos años después llevó a Ginebra, en su propio coche, recorriendo 1700 kilómetros, una carpeta con 64 casos. Y Desde entonces España aparece en el informe anual del grupo de desapariciones forzadas de la ONU.

¿Pueden las instituciones abandonar así a los ciudadanos y empujarles a emprender en solitario este camino para recuperar a un familiar?