Para el NYT es un “majestuoso símbolo del despilfarro”, otros diarios neoyorquinos lo han calificado de “intercambiador más feo del mundo” y la propia Autoridad Portuaria que encargó la obra al arquitecto español canceló la ceremonia de apertura en protesta por su sobrecoste. El “Oculus”, el nuevo terminal de la Zona Cero del Wall Trade Center de Nueva York proyectado por Santiago Calatrava e inaugurado este 3 de marzo ha vuelto a sumir en la polémica al creador valenciano.

El New York Times habla desde su portada de “majestuoso símbolo del despilfarro”. El diario estadounidense dedica a la apertura del Oculus su portada digital de este 3 de marzo y también le da espacio en su portada impresa. Apunta que la estación de trenes del World Trade Center ha sido durante 12 años una ruina ya que la paloma con alas que diseñó Calatrava, tuvo que ser reforzada para satisfacer las demandas de seguridad y degeneró en una carcasa de dinosaurio. Pero sobre señala que su coste se elevó hasta unos “inconcebibles” 4.000 millones de dólares de dinero público para una obra que es la 18ª estación de tre más transitada de Nueva York, escondida en el interior de un centro comercial.

La única concesión que hace el NYT es asegurar que una vez dentro la arquitectura de Calatrava puede hacer que “uno casi -casi- olvide el épico despilfarro que todo el asunto ha sido, ya que la vista el interior del Oculus es de las que descuelga mandíbulas”.

El New York Post en cambio critica incluso la estética del proyecto al asegurar que es la estación de tren “más obscenamente cara del mundo – y posiblemente la más fea”. Apunta que el Oculus es una ofensa monstruosa tanto desde dentro como desde fuera, señalando que ha costado 4.000 millones de dólares y dará servicio a 50.000 viajeros “que con ese dinero se podrían haber comprado cada uno un Nissan Infiniti y aun sobraría dinero.”

Financial Times pone de relieve el “furioso debate” sobre el proyecto del “arquitecto español estrella” Santiago Calatrava que debía haber abierto en 2009 y costado menos de 2.000 millones de dólares y acabó retrasándose seis años y duplicando el presupuesto. Aunque señala que parte de los problemas de la obra se debieron a las interferencias políticas. En Vanity Fair, en cambio defienden el Oculus como una “genuina catedral del pueblo” por su valor arquitectónico.

Pero la propia Autoridad Portuaria de Nueva York, que fue quien encargó la infraestructura obra a Calatrava, ha evidenciado su enfado por el elevado coste de la obra al renunciar a hacer una gran ceremonia de inauguración y abrir las puertas del Oculus casi sin ruido y en un acto de bajo perfil. Su presidente Patrick Foye ha llegado a decir que el proyecto es un “símbolo de los excesos” ante lo cual prefería ahorrar el coste de la ceremonia.

(Foto: Flickr/Billiegraceward)