El diario estadounidense destaca en un reportaje de su corresponsal Raphael Minder el aumento del trabajo en la clandestinidad en España desde que el país se encuentra sumido en la recesión. Analizan los pros de esta situación -una tasa de paro real menor que el 24,4% oficial- y los contras -el estado habría dejado de ingresar 37.000 millones de euros.

Un mercadillo semiclandestino

El New York Times empieza relatando el caso concreto de un transportista y montador de muebles de Ikea que tras ser despedido, sigue haciendo lo mismo pero por su cuenta y “en negro”. Apuntan que: “A medida que la recesión en España se hace más profunda, más trabajadores, como Juan, se desvían hacia una economía sumergida que, segun algunas estimaciones, puede suponer tanto como un quinto del producto interior bruto del país.”

El diario asegura: “La buena noticia es que el alcance de la economía sumergida significa que hay más españoles trabajando de lo que parece y que las cifras oficiales de paro del 24,4%, las más elevadas de Europa, puede ser exagerada en cinco o nueve puntos porcentuales, según opinión de los economistas. Todo esto proporciona al gobierno español una importante válvula de seguridad que evita un mayor descontento social.”

Pero añade: “El lado negativo es que menos trabajadores pagan impuestos y muchos de ellos también cobran el desempleo poniendo al gobierno de España en una pinza. Se estima que se han dejado de ingresar unos 37.000 millones de euros por esta circunstancia. Los trabajadores realizan el mismo trabajo por menos dinero, recortando los costes de servicios pero también reduciendo la cantidad de dinero que ganan para volver a ponerlo en el circuito económico y en las arcas del gobierno. La economía sumergida española se considera que se eleva al 19,2% del PIB e incluso podría ser mayor.”

[Leer el artículo completo en The New York Times]