<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd"
	xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"

	>
<channel>
	<title>Comentarios en: Luis del Pino vs Elisa Beni</title>
	<atom:link href="https://www.radiocable.com/luis-del-pino-vs-elisa-beni.html/feed" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://www.radiocable.com/luis-del-pino-vs-elisa-beni.html</link>
	<description>Pionera emisora de radio por Internet que produce La Cafetera. NaciÃ³ emitiendo desde un domicilio. Premio Ondas y del Club Internacional de prensa. La Cafetera es nuestro programa estrella.</description>
	<lastBuildDate>Tue, 03 Jul 2018 22:34:41 +0000</lastBuildDate>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=4.1.41</generator>
	<item>
		<title>Por: Justiciero</title>
		<link>https://www.radiocable.com/luis-del-pino-vs-elisa-beni.html/comment-page-1#comment-6614</link>
		<dc:creator><![CDATA[Justiciero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 31 Mar 2008 11:33:01 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.radiocable.com/luis-del-pino-vs-elisa-beni.html#comment-6614</guid>
		<description><![CDATA[]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Portavoces, esposas y periodistas  </p>
<p>Ni Elisa Beni ni Javier Valenzuela han roto, con sus libros, la obligaciÃ³n de lealtad y de confidencialidad que todo portavoz o director de comunicaciÃ³n tiene con sus superiores. SÃ³lo Scott McClellan, el ex portavoz de Bush, ha revelado secretos, pero es evidente que, lejos de atentar contra la seguridad, la defiende al denunciar unas decisiones que facilitaron la guerra de Iraq<br />
 y que ya han costado la vida a mÃ¡s de 100.000 personas.  </p>
<p>Felipe SahagÃºn es periodista y profesor titular de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense, M</p>
<p>adrid.  32â??CUADERNOS DE PERIODISTAS,â??MARZO DE 2008 FELIPE SAHAGÃ?N  </p>
<p>Todo libro de un portavoz, jefe de prensa o director de comunicaciÃ³n, en activo o retirado,sobre las actividades o hechos vividos en el ejercicio de su cargo, suele ser, como escribe en sus memorias Marlin Fitzwater, portavoz de los presidentes Reagan y Bush padre, â??un retrato de familiaâ?�  </p>
<p>1. No porque el autor revele â??pocas veces lo haceâ?? secretosexplosivos de la intimidad de los dirigentes con los que ha trabajado de cerca, sino por la familiaridad que dicha cercanÃ­a facilita a la hora de contar lo sucedido. Â¿DÃ³nde empieza el derecho, la obligaciÃ³n y la libertad de informar, y dÃ³nde termina la obligaciÃ³n de lealtadhacia los jefes y compaÃ±eros?Â¿QuiÃ©n y cÃ³mo fija las fronteras de los intereses en conflicto? Â¿La reserva, discreciÃ³n y confidencialidad esperados o exigidos en la relaciÃ³n profesional entre portavoces y presidentes, jefes de prensa y superiores inmediatos, publicistas y clientes (â?¦) implica necesariamente el silencio sobre los hechos vividos de primera mano en virtud de esa relaciÃ³n? Â¿Son extensivas estas mismas interrogantes o cautelas a las obras (libros, artÃ­culos u otro tipo de docu-en cualquier formato) de familiares de dirigentes, polÃ­ticos, jueces, etcÃ©tera? Â¿QuÃ© sucede cuando ese  familiar, portavoz o relaciones pÃºblicas es, ademÃ¡s, periodista? Â¿Debe renunciar de por vida a su libertad de expresiÃ³n y de informaciÃ³n sobre determinados asuntos por el hecho de ser pariente, esposa o esposo de alguien, aunque tenga informaciÃ³n de interÃ©s general que, a su juicio, merezca ser conocida por todos los ciudadanos? Hay respuestas para todos los gustos. Eduardo Sotillos ha confesado, tras su experiencia de portavoz de Felipe GonzÃ¡lez, que â??no se debe nombrar portavoz a un periodistaâ?� porque â??te sientes demasiado prÃ³ximo a los colegas que te preguntan, y ellos a tiâ?�</p>
<p>2. Y aÃ±ade: â??AllÃ­ [en Moncloa] no me sentÃ­a cÃ³modo, no fui buen portavozâ?¦ Me dolÃ­an mucho las crÃ­ticas de colegas periodistas, perdÃ­ la amistad y el saludo de muchosâ?¦ Ya me lo decÃ­a Felipe: â??Te falta corazÃ³n para ser polÃ­ticoâ?¦â??. Y asÃ­ es.â?� Tras 35 aÃ±os de periodismo activo, entiendo perfectamente a Sotillos. Cuando la informaciÃ³n es razonablemente buena, los polÃ­ticos (presidentes de empresas, jueces, policÃ­asâ?¦) la atribuyen sistemÃ¡ticamente a su buen trabajo. Cuando es negativa, rara vez admiten que se deba a lo que ellos hacen. Casi siempre culpan a los portavoces o comunicadores, es decir, a los mensajeros. Cada paÃ­s, incluso cada instituciÃ³n, tiene una cultura diferente de la informaciÃ³n, producto de su historia, que condiciona de forma decisiva las respuestas a las cuestiones planteadas mÃ¡s arriba. Por ello, hay que tener cuidado a la hora de comparar democracias viejas con democracias recientes y, no digamos, con dictaduras. La periodista Elisa Beni, con 20 aÃ±os de experiencia profesional, se ha visto sometida a toda clase de crÃ­ticas en los Ãºltimos meses y ha sido destituida como jefe de prensa del Tribunal Superior de Justicia de Madrid por publicar el libro La soledad del juzgador. GÃ³mez BermÃºdez y el 11-M. Javier Valenzuela, con 30 aÃ±os de experiencia profesional, muchos de ellos como corresponsal en el extranjero y enviado especial de El PaÃ­s, ha sido criticado de forma mÃ¡s velada por Eduardo Sotillos, ex portavoz de Felipe GonzÃ¡lez: â??AllÃ­ [en Moncloa] no me sentÃ­a cÃ³modo, no fui buen portavozâ?¦ Me dolÃ­an mucho las crÃ­ticas de colegas periodistas, perdÃ­ la amistad y el saludo de muchosâ?¦â?�. escribir un libro, Viajando con ZP, sobre sus dos aÃ±os de director general de InformaciÃ³n Internacional en la Moncloa de JosÃ© Luis RodrÃ­guez Zapatero. Los republicanos han puesto en la picota a Scott McClellan, ex portavoz de la Casa Blanca, por lo que dicen que cuenta en un libro que, con el tÃ­tulo What happened (Lo sucedido), verÃ¡ la luz esta primavera en los EEUU. Son tres casos distintos, pero que, analizados por separado y contrastados con las normas tradicionales de la Ã©tica periodÃ­stica en EspaÃ±a y en los EEUU, nos ayudarÃ¡n a entender los conflictos en juego y las respuestas que, desde una perspectiva profesional, pueden y deben darse. El caso Beni El 13 de febrero de 2008, en el Foro Nueva EconomÃ­a de Madrid, un periodista preguntÃ³ al fiscal general CÃ¡ndido Conde-Pumpido por la destituciÃ³n de Beni en represalia por la publicaciÃ³n del libro. A escasos metros de Ã©l, supongo que lo sabÃ­a, estaba sentado, escuchando con atenciÃ³n, el esposo de Beni y presidente de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, Javier GÃ³mez BermÃºdez, el juzgador principal en el proceso del 11-M y protagonista mÃ¡s importante del polÃ©mico libro. â??Me pareciÃ³ una medida adoptada sobre la base del principio de confianzaâ?�, contestÃ³ el fiscal. â??Entraba  en sus competencias [del presidente del Consejo General del Poder Judicial], pero no me parece que en el libro exista ninguna revelaciÃ³n inadecuadaâ?�. Nadie lo dirÃ­a repasando lo que se dijo y se escribiÃ³ a raÃ­z de la publicaciÃ³n del libro, aunque ningÃºn medio de comunicaciÃ³n serio encontrÃ³ otros problemas que la inoportunidad del momento elegido para su publicaciÃ³n, â??el uso de la posiciÃ³n privilegiada de la autora para conocer de primerÃ­sima mano los desvelos del juzgadorâ?� </p>
<p>3 y las crÃ­ticas, casi todas perfectamente fundadas y documentadas, de algunos de los principales protagonistas y observadores del juicio del 11-M. Presionados por algunos miembros de la carrera judicial que no salen muy airosos en el libro y por periodistas que reciben un claro varapalo por lo que escribieron o contaron sobre el juicio mÃ¡s importante de la historia de EspaÃ±a, ninguno de los cinco miembros de la ComisiÃ³n de ComunicaciÃ³n del CGPJ defendiÃ³ la permanencia de Beni en su puesto. El presidente del CGPJ, Francisco JosÃ© Hernando, firmÃ³ el 16 de enero el decreto de destituciÃ³n de Beni como directora de comunicaciÃ³n del TSJM de acuerdo con la propuesta de la comisiÃ³n de ComunicaciÃ³n del Ã³rgano de gobierno de los jueces del 9 de enero. La ComisiÃ³n tenÃ­a decidido ya su veredicto el 20 de diciembre de 2007, pero prefiriÃ³ aplazarlo para dar tiempo a la periodista a defenderse. Como explicÃ³ MarÃ­a Peral en El Mundo al dÃ­a siguiente, las indiscreciones, las conversaciones privadas y las crÃ­ticas recogidas en el libro â??han quebrado la confianza del Consejo en la autora, han perjudicado a su marido, han desprestigiado a otros magistrados y han generado desconfianza en los jueces de Madridâ?�</p>
<p>4. El hecho, como seÃ±alaba Peral, de que â??los miembros del sector mayoritario â??que por tres veces habÃ­a nombrado a GÃ³mez BermÃºdez presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, lo que le permitiÃ³ presidir el juicio del 11Mâ?? expresaran su decepciÃ³n con Beni no sÃ³lo por razones de confianza, sino tambiÃ©n de incompatibilidad entre la publicaciÃ³n de un NingÃºn medio de comunicaciÃ³n serio encontrÃ³ otros problemas con el libro de la esposa del juez GÃ³mez BermÃºdez, Elisa Beni, que la inoportunidad del momento elegido para su publicaciÃ³n 35 libro de esas caracterÃ­sticas (â?¦) y su puesto en un gabinete de comunicaciÃ³n del CGPJâ?� prÃ¡cticamente la condenaba sin escuchar sus alegaciones. â??Una seÃ±ora que trabaja para la Justicia no puede estar anotando las confidencias que le hace su marido para hacer negocio editorial, exhibiendo cuestiones de otros jueces y de un determinado procesoâ?�, dijo uno de los vocales citados por la redactora de El Mundo. Amenazaba el mismo vocal, si no se actuaba con firmeza, con recomendar a todos los jefes de prensa de los tribunales que empezaran a tomar notas de las confidencias judiciales que les lleguen para luego hacer tambiÃ©n negocio. En sus explicaciones de la propuesta de la comisiÃ³n, su portavoz, Enrique LÃ³pez, justificÃ³ la destituciÃ³n por â??la pÃ©rdida de confianzaâ?� en la autora del libro, al estimar que algunos de sus pasajes no se adecuan a las exigencias del desempeÃ±o de su cargo como portavoz de la AdministraciÃ³n de Justicia en la Comunidad de Madrid</p>
<p>5. Aunque Hernando no estaba obligado a destituir a Beni, LÃ³pez lo dio por hecho â??en cumplimiento de acto debidoâ?�, entendiendo que la comisiÃ³n, el Ã³rgano que nombra al responsable de comunicaciÃ³n del TSJM, estaba en su perfecto derecho de destituirla si perdÃ­a su confianza en ella. La propuesta de destituciÃ³n recibiÃ³ los votos favorables de los vocales Montserrat Comas, JosÃ© Luis Requero, Adolfo Prego y Enrique LÃ³pez, y la abstenciÃ³n de Juan Carlos Campo, quien entendiÃ³ que debÃ­a ser el propio Hernando, como responsable del nombramiento de Beni, o el presidente del TSJM, a cuyas Ã³rdenes directas trabajaba, quienes ratificaran a Beni en su cargo o la destituyeran. En sus explicaciones a la ComisiÃ³n, que evidentemente no surtieron efecto alguno, la autora negÃ³ que el libro fuera un ataque a los jueces o a la carrera judicial. â??Muy al contrario, se trata de la realizaciÃ³n de una actividad lÃ­cita â??escribir un libroâ?? sin repercusiones negativas que se hayan acreditado sobre el desempeÃ±o de mi trabajo como directora del TSJM, que no puede acarrear consecuencias sobre mi actividad profesional actual derivadas de una valoraciÃ³n del contenido, de las informaciones o de las ideas libremente expresadas y contenidas en tal libroâ?�, escribiÃ³. â??En ningÃºn momento se desvÃ­a de las directrices generales que a efectos de estrategia comunicativa he recibido del Consejoâ?�, aÃ±adiÃ³. â??En este sentido, el libro estÃ¡ basado en el mismo espÃ­ritu de transparencia, de manera que, en algunos pasajes que se han tachado de crÃ­ticos, el texto se limita a recoger secuencias procesales o resolutivas de magistrados concretos, sin ninguna adjetivaciÃ³n o valoraciÃ³n personal y que ya habÃ­an sido publicadas por los medios de comunicaciÃ³n en su dÃ­aâ?�</p>
<p>6. En sus ocho pÃ¡ginas de alegacio36â?? CUADERNOS DE PERIODISTAS,â??MARZO DE 2008     Portavoces, esposas y periodistas nes, Beni seÃ±alÃ³ tambiÃ©n la â??indeterminaciÃ³n extremaâ?� del acuerdo de la ComisiÃ³n del 20 de diciembre sin precisar ninguna acusaciÃ³n concreta, lo que hacÃ­a muy difÃ­cil su defensa. En su nota, la ComisiÃ³n se referÃ­a sÃ³lo a â??la problemÃ¡tica generada por la publicaciÃ³n del libroâ?�. La periodista recordaba a la comisiÃ³n que La soledad del juzgador era el segundo libro que publicaba siendo directora de comunicaciÃ³n del TSJM y que, cuando publicÃ³ el primero, Levantando el velo. Manual de periodismo judicial, del que es coautor su esposo, dos aÃ±os antes, no recibiÃ³ mÃ¡s que felicitaciones. AÃ±adÃ­a que, con ocasiÃ³n del primer libro, habÃ­a comprobado la inexistencia del rÃ©gimen de incompatibilidades propias de su cargo y mantenÃ­a que, de acuerdo con la Ley de FunciÃ³n PÃºblica, un libro â??es plenamente compatible con el ejercicio de su funciÃ³n, pues no se exige siquiera la comunicaciÃ³n a los superiores de la intenciÃ³n de publicarloâ?�. El CGPJ, en nota explicativa de su decisiÃ³n, reiteraba el 9 de enero que â??algunos de los pasajes contenidos en el libro no se acomodan a las exigencias propias del cargo de responsable de comunicaciÃ³n institucionalâ?�. El vocal portavoz Requero insistÃ­a por escrito en que â??no es adecuado que una responsable de comunicaciÃ³n institucional de la Justicia critique a ciertos medios de comunicaciÃ³n o a ciertos profesionales de la prensa, cuando parte esencial de su cometido es, precisamente, mantener una buena relaciÃ³n con todos los mediosâ?�</p>
<p>7. Si se aplicara ese criterio a rajatabla, pocos portavoces o responsables de comunicaciÃ³n permanecerÃ­an en sus cargos mucho tiempo. En el Protocolo de ComunicaciÃ³n de la Justicia aprobado por el CGPJ el 30 de junio de 2004, que Beni y GÃ³mez BermÃºdez recogen como Anexo I en su manual de periodismo judicial â??texto impecable por otra parte y de gran utilidad para cualquier periodista que desee especializarse en tribunalesâ??, se hace una clara apuesta por la transparencia, pero, al mismo tiempo, se reconoce que la relaciÃ³n entre el Gabinete de ComunicaciÃ³n y los magistrados y jueces â??es Todos los que tomaron partido de forma beligerante a favor de uno u otro bando en el tratamiento del 11-M se sintieron decepcionados. Beni reparte estopa en su libro a unos y a otros, pero lo hace con datos, citas rigurosas y testimonios irrefutables. 7 una relaciÃ³n que debe estar basada en la mutua confianzaâ?�</p>
<p>8. El momento de la publicaciÃ³n del libro de la discordia â??nada mÃ¡s concluir el juicio del 11-Mâ?? probablemente influyÃ³ mÃ¡s que el contenido del libro en la politizaciÃ³n del caso. Si eliminamos los ditirambos de GÃ³mez BermÃºdez, habituales por otra parte en casi todas las obras de este gÃ©nero, y analizamos La soledad del juzgador como el anÃ¡lisis del juicio por una periodista con informaciÃ³n privilegiada y una actitud abierta hacia las versiones enfrentadas sobre el proceso desde el mismo dÃ­a de los atentados, encontramos una de las reflexiones mÃ¡s esclarecedoras sobre lo que se hizo y se dijo en los meses que durÃ³ el proceso. Todos los que tomaron partido de forma beligerante a favor de uno u otro bando en el tratamiento del 11- M se sintieron decepcionados. Beni reparte estopa en su libro a unos y a otros, pero lo hace con datos, citas rigurosas y testimonios irrefutables. Su opiniÃ³n sobre el resultado final de la batalla refleja claramente su posiciÃ³n: â??La verdad, la razÃ³n, la interpretaciÃ³n desapasionada, no estuvo totalmente en ninguno de los campos. La maldita lectura en blanco y negro borraba siempre los grises del matiz. Y en estas lides de libertades, derechos, opiniones y expresiÃ³n sÃ³lo los matices tienen relevanciaâ?�</p>
<p>9. Si Beni se hubiera decantado abiertamente a favor o en contra de cualquier de los bandos enfrentados, seguramente habrÃ­a recibido muchos mÃ¡s apoyos cuando le llegÃ³ la hora de pagar por sus indiscreciones. Sus indiscreciones, en cualquier caso, parecen un pecado venial cuando se comparan con la calidad y la cantidad de datos y de opiniones recogidas en el texto. â??Viajando con ZPâ?? Escribiendo sobre sÃ­ mismo en tercera persona, Javier Valenzuela advierte ya en la introducciÃ³n de su libro sobre los dos aÃ±os que trabajÃ³ en Moncloa con el presidente JosÃ© Luis RodrÃ­guez Zapatero que â??el deber de confidencialidad vinculado a su cargo hace que calle ciertas cosasâ?�</p>
<p>10. â??Mi padre fue periodista, mi padrino tambiÃ©n lo fue y yo llevo tres dÃ©cadas ganÃ¡ndome un sueldo como periodistaâ?�, escribe poco mÃ¡s adelante. â??He sido corresponsal de El PaÃ­s en Beirut, Rabat, ParÃ­s y Washington, y enviado especial a otros lugares. PolÃ­ticamente me sitÃºo en la izquierda, dicho sea en aras de la transparencia, pero no soy militante del PSOE ni un incondicional de ese partidoâ?�</p>
<p>11. â??Â¿Es de recibo que un periodista que siempre ha defendido su independencia pase a trabajar, aunque sea temporalmente, para un presidente de Gobierno?â?�, pregunta Valenzuela a John Le CarrÃ© cuando su amigo Miguel Barroso le llama para trabajar con Ã©l tras las elecciones de marzo de 2004</p>
<p>â??Sin duda â??me respondiÃ³â??. En el mundo anglosajÃ³n, eso es de lo mÃ¡s corriente. Recuerde el caso de Pierre Salinger, que empezÃ³ como periodista, pero luego fue portavoz del presidente Kennedy y despuÃ©s volviÃ³ a trabajar como corresponsal para una cadena de televisiÃ³nâ?�</p>
<p>12. Las 300 pÃ¡ginas que siguen a esta confesiÃ³n de cierta independencia no son, efectivamente, un panegÃ­rico sin fisuras de su ex jefe, pero nadie del Gobierno se rasgarÃ­a las vestiduras por su contenido. Simplemente, y no es poco en el desierto espaÃ±ol en este gÃ©nero de memorias de portavoces, nos introduce en el caleidoscopio de la polÃ­tica exterior monclovita entre 2004 y 2006 con reflexiones y anÃ©cdotas que facilitan una mejor comprensiÃ³n de esa polÃ­tica, y nos muestra aristas y perfiles de la personalidad de Zapatero que, aunque no descubran nuevas galaxias, confirman y aclaran lo que muchos â??amigos, enemigos e indiferentesâ??sospechaban desde la distancia. Por lo que calla tanto como por lo que cuenta, no nos descubre en Zapatero a ningÃºn Bismarck o Metternich, tan solo a â??un seductor en el cuerpo a cuerpoâ?�, con â??una visiÃ³n progresista y cosmopolita del mundo y de EspaÃ±a en el mundoâ?� sin concretar, â??mejor en privado que en pÃºblico, donde cierta timidez parece envararleâ?�, que â??vive por y para la polÃ­ticaâ?� y, encima, â??se lo pasa bien ejerciendo su profesiÃ³n (â?¦). Su intrepidez y su optimismo le convirtieron en un personaje distintivo en la escena internacionalâ?� </p>
<p>13. Al dar por buenos casi todos los estereotipos propagandÃ­sticos del PSOE contra la oposiciÃ³n â??â??derecha asilvestradaâ?�, una Moncloa â??sin una potente Ala Oesteâ?�, un PP convertido en â??una eficaz mÃ¡quina de combateâ?�, â??un PSOE incapaz de movilizar en el dÃ­a a dÃ­a a la sociedad civil progresistaâ?�, etcÃ©teraâ??, entiendo que cree en ellos, sorprendente para quien se haya molestado en conocer un poco de cerca a los fontaneros del PP. Ve, como tantos otros, en el Ministerio de Exteriores una burocracia lenta e ineficaz; en la vicepresidenta MarÃ­a Teresa FernÃ¡ndez de la Vega, la ventana por la que pasaba todo me- Por lo que calla tanto como por lo que cuenta, Viajando con ZP, el libro de Javier Valenzuela, no nos descubre en Zapatero a ningÃºn Bismarck o Metternich. </p>
<p>nos la economÃ­a, competencia de Solbes, y el dosier vasco, que ZP pilotaba directamente; y, en una frase de Ryszard Kapuscinski en su libro sobre el sha de IrÃ¡n â??â??toda la vida de palacio se rige por unas leyes, siempre iguales, que deforman y fragmentan la realidadâ?�â??, el mejor resumen de la vida al frente de un Gobierno. â??La hiperactividad de Moratinos dificultaba la legibilidad de la polÃ­tica internacional del Gobiernoâ?�, escribe. â??Al presidente se le atribuÃ­an cosas que eran de la cosecha particular del ministro. TambiÃ©n se traducÃ­a en un cierto desorden y confusiÃ³n en el Ministerio de Exterioresâ?�</p>
<p>14. Su crÃ­tica principal de Exteriores es, probablemente, que ZP dedica muy poco tiempo a la polÃ­tica internacional. Valenzuela les responde que, sÃ³lo en los primeros 20 meses de Gobierno, ZP participÃ³ en un centenar de actos pÃºblicos internacionales, sin contar las conversaciones telefÃ³nicas, las reuniones privadas y las 25 entrevistas concedidas a medios de comunicaciÃ³n extranjeros. SegÃºn Valenzuela, ZP recibiÃ³ de Felipe GonzÃ¡lez nada mÃ¡s llegar al poder dos consejos en polÃ­tica internacional: no fiarse de Fidel Castro y dar al Rey el protagonismo debido en los asuntos de Estado relacionados con la polÃ­tica exterior. Frente a tantos que opinan lo contrario, Valenzuela estÃ¡ convencido de que â??puede hacerse polÃ­tica exterior en el siglo XXI sin hablar inglÃ©sâ?�. Entre los defectos que cita de ZP, destaca el escaso tiempo dedicado por el presidente a la polÃ­tica internacional a partir de su segundo aÃ±o en Moncloa, sus inconfundibles latiguillos â??â??lo que representaâ?�, â??en definitivaâ?�â?¦â?? y sus dificultades para terminar las frases. Una de sus crÃ­ticas mÃ¡s duras de los medios â??cierto que no generalizaâ?? es el empeÃ±o de algunos en menospreciar o ningunear a ZP por sus malas relaciones personales con George Bush. La informaciÃ³n dominante en los medios conservadores sobre este asunto estÃ¡ plagada, segÃºn el autor, de â??lo que los norteamericanos denominan factoids: pseudohechos, noticias verdaderas o falsas sacadas de su contexto y tergiversadas y magnificadas hasta el disparateâ?�15. Pierre Salinger parece que saliÃ³ indemne de la rocambolesca Casa Blanca de John F. Kennedy, y Mike McCurry sobreviviÃ³ dignamente a la complicada Casa Blanca de Bill Clinton y Monica Lewinsky, pero son excepciones</p>
<p>Confiesa Valenzuela que su modelo personal de actuaciÃ³n en Moncloa fue â??el portavoz clÃ¡sico, el anterior a la era del spin (â?¦), que no pone la mano en el fuego por nada que no tenga bien amarradoâ?�. Es, aÃ±ade, alguien que â??trabaja para dos clientes: el polÃ­tico y los periodistas. Para el primero hace de informador, de redactor de borradores de declaraciones, artÃ­culos y conferencias, y de eso que los latinoamericanos llaman vocero. Para los segundos actÃºa como una especie de corresponsal en las entraÃ±as del poder. Les transmite las informaciones que la presidencia desea difundir o les pueden ser Ãºtiles de una u otra manera, y, por supuesto, intenta responder a las preguntas que desean plantearâ?�</p>
<p>16. â??Un profesional de este tipo busca la informaciÃ³n por los procedimientos periodÃ­sticos clÃ¡sicos: bebiendo de sus fuentes. SÃ³lo que las fuentes a las que tiene acceso directo son el presidente del Gobierno, el ministro de Exteriores, los altos cargos y asesores del Gobierno. Y tambiÃ©n como cualquier periodista en misiÃ³n informativa, pacta caso por caso con esas fuentes lo que se puede contar a terceros y lo que noâ?�. A los convencidos de que, en esa misiÃ³n, es imposible mantener la credibilidad, responde atacando: â??No es tan fÃ¡cil conservarla, como algunos pretenden, cuando se trabaja para un medio de comunicaciÃ³nâ?�. A pesar de todo, reconoce lo inevitable: â??Es evidente que, cuando se trabaja para un polÃ­tico, el mantenimiento de la credibilidad es aÃºn mÃ¡s complicado, obliga a un permanente y agotador esfuerzo para dejar claro que el polÃ­tico es el polÃ­tico y que uno es uno, y que lo que dice o hace el primero no tiene por quÃ© asumirlo personalmente el segundoâ?�. Pierre Salinger parece que saliÃ³ indemne de la rocambolesca Casa Blanca de John F. Kennedy, y Mike McCurry sobreviviÃ³ dignamente a la complicada Casa Blanca de Bill Clinton y Monica Lewinsky, pero son excepciones. Ari Fleischer, tras 21 meses en la primera AdministraciÃ³n Bush, quedÃ³ completamente quemado. Al despedirse, reconociÃ³ que la crisis del 11-S, los ataques con Ã¡ntrax, las guerras en AfganistÃ¡n e Iraq y el frenesÃ­ informativo que domina Washington le pasaron factura y afectaron â??su capacidad para servirâ?�</p>
<p>17. Los corresponsales en la Casa Blanca reconocen sus educados modales, su paciencia y su habilidad para no mentir sin decir la verdad, pero tambiÃ©n su responsabilidad en el secretismo, opacidad y manipulaciÃ³n de la Casa Blanca para justificar la invasiÃ³n de Iraq. La mayor parte de los portavoces a uno y otro lado del AtlÃ¡ntico han quedado marcados, casi todos negativamente, por su experiencia como portavoces. Muy pocos se han atrevido a poner negro sobre blanco, despuÃ©s de dejar el cargo, la informaciÃ³n mÃ¡s negativa de las decisiones que presencia42â?? CUADERNOS DE PERIODISTAS,â??MARZO DE 2008     Portavoces, esposas y periodistas ron entre bastidores y que los ciudadanos tienen todo el derecho a conocer. Valenzuela no es una excepciÃ³n. Â¿Ha tenido en estos aÃ±os la Moncloa de ZP una spin machine eficaz?, se pregunta, me imagino que retÃ³ricamente. Su respuesta es tan rotunda como difÃ­cil de creer: â??No la tenÃ­a en absolutoâ?�</p>
<p>18. No la tenÃ­a, explica, â??porque la mayor parte que trabajaba en estos asuntos (Zapatero, FernÃ¡ndez de la Vega, los profesionales de la SecretarÃ­a de Estado de ComunicaciÃ³n, etc.) estaba dominada por ideas como el respeto debido a los hechos, el asco que provoca la mentira y la sagrada independencia de la prensaâ?�. Como ave rara que siempre ha considerado el ejercicio del periodismo activo incompatible con el trabajo, con carnÃ© o sin carnÃ© (importa poco a fin de cuentas, lo que importa son los hechos), para un partido polÃ­tico, la virginidad que atribuye a sus ex jefes resulta, por decirlo suavemente, angelical. Bellas palabras que el propio Zapatero se ha encargado de desmentir reconociendo una cuantas mentiras: algunas, como las relacionadas con las negociaciones con ETA, pÃºblicamente. Otras, igual de delicadas o mÃ¡s (las relacionadas con la llamada versiÃ³n oficial del 11-M, por ejemplo), siguen negÃ¡ndose. Sin remontarnos a lo que algunos de esos mismos jefes hicieron, callaron y dijeron sobre el GAL en los aÃ±os 80 y 90. La segunda razÃ³n que da el autor para negar que se practicara en Moncloa el maquillaje, manipulaciÃ³n, ocultamiento y demÃ¡s aderezos habituales en toda oficina de comunicaciÃ³n parece mÃ¡s verosÃ­mil: â??El primer mandamiento de los spin doctors (â?¦) reza que sÃ³lo puede haber un director de orquesta (â?¦) Y en la Moncloa en la que yo trabajÃ© habÃ­a mÃ¡s bien un carajal en materia de comunicaciÃ³n, digÃ¡moslo lisa y llanamente</p>
<p>19â?�. Cualquier periodista que haya trabajado o cubierto durante aÃ±os la Moncloa le darÃ­a la razÃ³n, de modo que no es un problema exclusivo de la Moncloa de ZP. MÃ¡s bien se trata de una seÃ±a de identidad espaÃ±ola que comparten casi todas las instituciones. QuizÃ¡s la queja mÃ¡s seria, vinien- Las crÃ­ticas de Valenzuela son pellizcos de monja comparadas con las acusaciones de Scott McClellan, ex portavoz de la Casa Blanca de Bush, contra sus antiguos jefes. do de un periodista, es lo indisciplinado que, en este y otros asuntos, es ZP. â??A veces seguÃ­a los consejos de sus colaboradores, pero muchas veces no lo hacÃ­a y se lanzaba a improvisar, algo prÃ¡cticamente prohibido en la moderna comunicaciÃ³n polÃ­ticaâ?�. De haber seguido los consejos que atribuye a Augusto Delkader, directivo de Prisa desde el nacimiento de El PaÃ­s, deberÃ­a haber incluido la opiniÃ³n de Zapatero sobre este asunto. Seguro que tuvo razones para no seguir los consejos de muchos de sus colaboradores, mal que a ellos les pese. McClellan contra Bush Las crÃ­ticas de Valenzuela son pellizcos de monja comparadas con las acusaciones de Scott McClellan, sucesor de Fleischer como portavoz de la Casa Blanca de Bush, contra sus ex jefes, a quienes acusa en un libro de inminente apariciÃ³n de haberle mentido o manipulado descaradamente para justificar la invasiÃ³n de Iraq. Denuncia McClellan que, en octubre de 2003, cuando la filtraciÃ³n del nombre de la agente de la CIA Valerie Plame, esposa del embajador que negÃ³ la adquisiciÃ³n de uranio por Iraq en NÃ­ger, se convirtiÃ³ en un gran escÃ¡ndalo, los cinco miembros mÃ¡s influyentes de la AdministraciÃ³n Bush, con el presidente al frente, le presionaron para que negara toda responsabilidad del principal asesor de Bush, Kart Rove, y del jefe de personal de Cheney, Lewis Scooter Libby, en aquella filtraciÃ³n. â??El dirigente mÃ¡s poderoso del mundo me pidiÃ³ que hablara en su nombre y le ayudara a restablecer la credibilidad perdida al no encontrarse armas de destrucciÃ³n masiva en Iraqâ?�, escribe McClellan. â??AsÃ­ que subÃ­ al podio de la sala de prensa de la Casa Blanca y, ante todos los focos, durante los momentos estelares de dos semanas, exonerÃ© pÃºblicamente a dos de sus asesores mÃ¡s importantes: Karl Rove y Scooter Libby. SÃ³lo habÃ­a un problema: no era verdad. Sin saberlo, habÃ­a transmitido informaciÃ³n falsa y cinco de los funcionarios de mÃ¡s alto rango de la AdministraciÃ³n me habÃ­an empujado a hacerlo: Rove, Libby, el vicepresidente, el jefe de personal del presidente y el propio presidenteâ?�</p>
<p>20. El sucesor de McClellan, Scout Stanzel, se ha apresurado a negarlo en defensa de su jefe. â??El presidente no ha confundido a sus portavocesâ?�, ha dicho. â??Nunca lo harÃ­aâ?�. Palabra de portavoz, deberÃ­amos aÃ±adir. Plame ya ha presentado otra denuncia en los tribunales contra Cheney, Libby y Rove con los nuevos datos de McClellan. Reflexiones finales El trabajo de los portavoces, responsables de relaciones pÃºblicas y jefes de comunicaciÃ³n institucional es vender lo mejor posible a la opiniÃ³n pÃºblica lo que hacen sus superiores.</p>
<p>Portavoces, esposas y periodistas Cuando las decisiones de esos superiores son errÃ³neas, rozan la ilegalidad o violan claramente la legalidad, sÃ³lo tienen dos opciones: seguir sirviendo a sus jefes o dimitir y, una vez libres, callar o denunciar todo aquello que merezca ser conocido por los ciudadanos. Como el nÃºmero de hÃ©roes siempre es reducido y a nadie se le puede exigir serlo, lo normal es que callen para evitar daÃ±os y perjuicios o, simplemente, por respeto u obediencia debida. Entre esas dos respuestas caben otras, como publicar diarios o memorias sobre las experiencias vividas en puestos de responsabilidad informativa sin revelar secretos que pongan en peligro la seguridad, el respeto al honor o la verdad. Es lo que han hecho Beni, Valenzuela y McClellan. Secretos, lo que se dice secretos, de los tres sÃ³lo McClellan los ha revelado y sÃ³lo parcialmente, pues su denuncia es vox populi en los medios de comunicaciÃ³n de Washington desde hace aÃ±os, pero es evidente que, lejos de atentar contra la seguridad, la defiende al denunciar unas decisiones que facilitaron la guerra de Iraq y que ya han costado la vida a mÃ¡s de 100.000 personas y centenares de miles de millones de dÃ³lares. Ni Beni ni Valenzuela han roto, con sus libros, la obligaciÃ³n de lealtad y de confidencialidad que todo portavoz o director de comunicaciÃ³n tiene con sus superiores. Otra cosa es que algunas de las personas citadas en sus libros hubieran preferido que lo que hicieron o dijeron en un momento dado permaneciera oculto para la mayorÃ­a. Sus obras deben verse como aportaciones valiosas para un mejor conocimiento de hechos â??el juicio del 11-M y la polÃ­tica exterior de Zapatero entre 2004 y 2006â?? que todos los ciudadanos tienen derecho a conocer. Enhorabuena por su esfuerzo y que tenga muchos imitadores</p>
<p>1â??Call the Briefing. Edit. Adams Media Corp. 1995, pÃ¡g. VII. 2â??La Vanguardia, 28-10-2002, pÃ¡g. 64. 3â??Editorial de El PaÃ­s, 10-1-2008. 4â??El Mundo, 21-12-2007. 5â??Efe, 9-1-2008. 6â??Europa Press, 8-1-2008. 7â??El Mundo, 10-1-2008. 8â??Levantando el velo. Manual de periodismo judicial. CiE DOSSAT, Madrid 2006, pÃ¡g. 299. 9â??La soledad del juzgador. Temas de hoy, Madrid 2007, pÃ¡g. 217. 10â??Viajando con ZP. Edit. Debate, Barcelona 2007, pÃ¡g. 11. 11â??Ibid, pÃ¡g. 51. 12â??Ibid, pÃ¡g. 53. 13â??Ibid, pÃ¡g. 16 y ss. 14â??Ibid. pÃ¡g. 307 15â??Ibid, pÃ¡g. 250. 16â??Ibid, pÃ¡g. 152. 17â??La Vanguardia, 20-5-2003, pÃ¡g. 8. 18â??Ibid, pÃ¡g. 144. 19â??Ibid, pÃ¡g. 149 20â??Adelanto del libro publicado por la cadena CNN el 21 de noviembre de 2007 a las 2:47 p. m. </p>
]]></content:encoded>
	</item>
</channel>
</rss>
