El nombre de la ciudad siria de Alepo en los últimos años sólo se asocia a bombas y destrucción, pero fue también el lugar de origen del primer jabón de la humanidad que usaba por ejemplo la Reina Cleopatra. Para rescatarlo y para dar esperanza a los refugiados de la Guerra de Siria, la empresa española Leticia Burón ha sido la primera del mundo en abrir una fábrica en la frontera turco-siria donde da trabajo a 50 sirios que hacen jabón de Alepo de forma tradicional.

La iniciativa ha partido de la propia Leticia Burón, la empresaria madrileña que da nombre a esta marca de cosméticos nacida en 2015 en Estambul, que, en una visita a refugiados sirios, comprobó como muchos de ellos seguían haciendo, pese a sus difíciles condiciones de vida, el jabón de Alepo en sus hogares. Aunque es un desconocido en Europa, es un producto milenario de la antigua Babilonia -algunos incluso dicen que fue el primer jabón de la humanidad- que se extendió por todo el Mediterráneo y que usaba hasta Cleopatra en su ritual de belleza. Para muchos sirios es también “el aroma de su país”.

Antes de empezar la guerra, Siria tenía un centenar de fábricas de jabón de Alepo, pero tras los siete años de conflicto, apenas quedan dos abiertas. Para recuperar este producto y para ayudar a los refugiados, Leticia Burón decidió hace un año abrir una fábrica en la localidad de Gaziantep, situada en la frontera entre Turquía y Siria, a 50km de Alepo. Es la primera empresa del mundo que se instala en este conflictivo punto. Y en la actualidad tiene 50 empleados, todos ellos refugiados sirios con contrato laboral, sujeto a la legislación turca, y que reciben un sueldo medio mensual de unos 600 euros (casi el doble del salario mínimo interprofesional en aquel país, establecido en 350 euros, unas 1.770 liras turcas).

A través de esta empresa española, los refugiados sirios han recuperado este producto artesanal de tradición milenaria que se elabora con un 40% de aceite de laurel, aceite de oliva, sosa caustica y agua. Su jabón de Alepo se puede comprar a través de su página web, en Amazon o en centros de belleza especializados. Y un euro de cada producto se dona a Médicos del Mundo en Turquía. La propia Leticia Burón destaca que sus trabajadores incluso se encargan del marketing y el empaquetado del jabón. Tiene en mente abrir otras seis fábricas más y ampliar la comercialización del producto a Latinoamérica, Norteamérica y China, porque aunque explica que su motivación inicial fue sobre todo humanitaria, quiere que el proyecto sea viable empresarialmente para que se mantenga en el tiempo.

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