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Fernando Berlín, el autor de este blog, es director de radiocable.com y participa en diversos medios de comunicación españoles.¿Quien soy?english edition.

“La columna vertebral no es el Subcomandante Marcos, es el movimiento indígena”. Aquellas palabras las dijo una persona muy cercana a él cuando pregunté si no existía una cierta sensación de orfandad entre los zapatistas por los reiterados silencios del Subcomandante Marcos. Ella dijo que no y hasta José Saramago salió en mi defensa: “Cuando uno tiene una admiración por alguien y este tiende al silencio ¡claro que puede sentirse uno huérfano!”. Fue en Madrid, en el año 2004.

En cierta forma aquella misteriosa mujer tenía razón y tres años después de la conversación, el propio Marcos confesó en una entrevista en la selva -la última que se le conoce- “la duda que a veces lo atormenta: ¿Marcos fue un error que ahora le costaba al zapatismo?”

Yo no sé exactamente que pasa por la cabeza del Subcomandante como para echarse a un lado, de forma intermitente, pues ni siquiera he podido acercarme al olor de su pipa. Sin embargo no me resulta difícil de imaginar, pues esta ausencia es completamente coherente con todos y cada uno de sus mensajes.

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El Subcomandante Marcos es un icono que nunca ha querido quitarse la máscara, porque con ella representa a los indígenas, a los débiles, a los oprimidos, a los invisibles ante la opinión pública. Por eso, a pesar de que el gobierno mexicano trató de difundir su identidad, se encontró con que a sus seguidores no se les torció la vista. Miraron aburridos su fotografía, e incluso, seguramente, alguno exclamó entre carcajadas “está más guapo con la máscara”. Porque han sido muchos los simpatizantes, intelectuales y periodistas, que han conocido su anterior nombre y sin embargo no se han dejado deslumbrar por el fogonazo de su identidad: preferían al Subcomandante Marcos, y lo que representaba para los que no tienen nada.

Con su fuerte discurso filosófico, poético y aspirante al pacifismo, y gracias a esa máscara, el Subcomandante, ha conseguido invertir la relación que se establecía entre “hablar a cara descubierta” y la honestidad.  La mayor honestidad de Marcos es no haberse quitado la máscara durante tanto tiempo. Haciéndose a un lado, además, evita perpetuarse como icono de poder, y entrega el testigo a su pueblo.

Estoy seguro de que esa decisión le habrá llevado muchas, muchísimas horas de reflexión. Pero comete un error, en mi opinión, porque la figura de Marcos le ha trascendido. Y los zapatistas se sienten huérfanos, sí, por todo el planeta.

Los niños pierden a sus padres. Si tienen suerte, los pierden cuando son adultos, cuando ya no son chicos. No son los padres los que dejan a un lado a sus hijos. No deben. Porque son los hijos, los que un día empiezan a cuidarse de sus padres. Y créame, ese es un punto que ya no suele gustar a los padres. Pero esa es la naturaleza, no la otra.

Pero los zapatistas no deben temer. Hoy su mensaje parece que se extingue como una vela pero cabe preguntarse sobre que tipo de material está apoyada. No vaya a ser, que en lugar de apagarse, suceda todo lo contrario y veamos una inagotable fuente de luz.

20 y 10.

Nota: Pilar del Río contestó a este post posteriormente en una carta abierta que puedes leer aquí.