Un monumento permanente en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York rinde homenaje a más de un millón de personas asesinadas en el genocidio contra los tutsis en Ruanda en 1994. Y coincidiendo con el 32º aniversario de la tragedia y con el Día Internacional de Reflexión sobre este Genocidio, se ha recordado a las víctimas y rendido homenaje a los supervivientes, recordando la importancia de nunca olvidar y aprender de los errores del pasado.


En este año 2026 se cumple el 32° aniversario del genocidio contra los tutsi en Ruanda. Se trata de uno de los capítulos más trágicos de la historia de la humanidad. Más de un millón de personas fueron vilipendiadas, perseguidas y asesinadas sistemáticamente en menos de tres meses. En su inmensa mayoría fueron tutsis, pero también fueron asesinados hutus y otras personas que se oponían al genocidio. Y el 7 de abril, que fue el día en que se inició el genocidio, es ahora el Día Internacional de Reflexión sobre el Genocidio de 1994 en el que la ONU organiza acto conmemorativos.

Desde septiembre de 2004 existe además un monumento de homenaje permanente, la estatua Kwibuka Llama de la Esperanza, regalo de la República de Ruanda, que se instaló en el jardín norte de la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York. La llama de Kwibuka simboliza la resistencia y el coraje de los ruandeses desde el Genocidio. Y ha sido el lugar desde el que se ha vuelto a recordar a las víctimas y a los supervivientes.

Y el propio Antonio Guterres, Secretario general de la ONU, ha insisten en la necesidad de aprender de los fracasos pasados y proteger a los vivos, rechazando el odio, la retórica incendiaria y el incitamiento a la violencia.

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