E. Robinson

Premio Pulitzer 2009, Catedrático Neiman de Periodismo en Harvard y Editor de la sección Exterior del Washington Post.

 

Sobre Robinson

Sus columnas, ahora en radiocable.com

Otros columnistas del WP

 

   

[Washington Post – Radiocable.com]- “Mi consejo a Sarah Palin, que tampoco es que lo vaya a seguir, es que mejor se ande con cuidado. Si sigue simulando estar interesada en la candidatura presidencial, puede que la gente la tome en serio.

La gira “One Nation” en autobús que realiza la ex gobernadora de Alaska que abandonó la gobernación a mitad de legislatura ha puesto nerviosa a la institución Republicana. Si su objetivo es volver a estar de actualidad, insuflar nuevos bríos a la marca Palin y elevar su caché de conferenciante, entonces los líderes del partido tienen motivos para estar satisfechos. En el improbable caso de que se presente realmente, tienen motivos para pedir otra copa.

Lo que debería de preocupar al Partido Republicano es la melopea que las multitudes enfervorecidas provocan a los políticos. Palin puede subirse al autobús con intención de montar un numerito Trump y salir convencida de que ahora, más que nunca, el país precisa de sus servicios. Las salvas que resuenan en sus oídos pueden dejarla sorda a la voz de la razón.

La suerte dice que no pasará. Pero el hecho de que la gira de ego de Palin desviara tan fácilmente la atención de los candidatos Republicanos reales pone de manifiesto el desafío al que se enfrenta el partido a la hora de tratar de negar una segunda legislatura al Presidente Obama.

El pobre Tim Pawlenty trataba de presentar su candidatura, y lo que quería preguntar cada periodista era lo que pensaba de Palin. Fue su presentación al pueblo estadounidense — al que no resida en Minnesota, donde él fue gobernador durante ocho años — y obviamente quería dar imagen de audaz y decidido. Vertió la acusación, por ejemplo, de que Obama ha sido demasiado tibio a la hora de destinar efectivos estadounidenses a la intervención militar de Libia.

Pero Pawlenty, al igual que los candidatos restantes, tuvo que ser educado al ser preguntado por Palin porque sus seguidores saben ser apasionados implacables. Hacia el viernes, estaba claramente cabreado. “¿Quién sabe? Yo que sé si se presenta o no”, dijo en la MSNBC. “Hemos de dejar de preocuparnos por los sondeos y las giras y entrar de lleno en la cuestión de cómo vamos a arreglar el país y volver a encarrilar la nación”.

Una vez más, esa cuestión de “arreglar el país” no terminó de cuajar tampoco. El martes, en unos comicios extraordinarios, los Republicanos perdieron un escaño legislativo seguro en la parte alta de Nueva York a causa del apoyo de su candidato a los presupuestos del congresista Paul Ryan, que convierten el programa Medicare de la tercera edad en un programa de cartillas. El miércoles, Pawlenty destinó la mayor parte de la jornada a tratar de evitar afirmar públicamente si apoya o no los presupuestos de Ryan.

Por último, dijo que si él fuera presidente, aprobaría los presupuestos de Ryan. Pero eso es discutible, dijo, porque él tenía sus propios planes para Medicare. Pero no estaba listo para darlos a conocer. Pero contendrían elecciones a patadas. ¿Y podríamos hablar un poco más de Libia?

Mientras tanto, la tocaya de Pawlenty en Minnesota, la congresista Michele Bachmann, dio casi por confirmado que está a punto de anunciar su candidatura. Programó un discurso acerca de sus planes presidenciales en algún momento de junio en Waterloo, Iowa, donde nació. Casualmente, por supuesto, los comités de Iowa son los primeros comicios de las primarias. Pero ¿es buena idea poner en marcha una campaña de conquista en un lugar llamado Waterloo?

La entrada de Bachmann garantizará un amplio abanico de crónicas de prensa vagas y dispersas comparándola con Palin – noticias de perfil injusto y sexista “pelea de gatas”. Cada una tiene derecho a ser valorada por separado, al igual que cada uno de los muchos candidatos Republicanos potenciales nada prometedores, hombres y mujeres, que permiten dormir como reyes a los estrategas Demócratas.

Veamos, Newt Gingrich todavía se apunta, aunque es dudoso que el partido le perdone alguna vez decir la verdad acerca de los planes “radicales” de Ryan para el programa Medicare. Está el empresario Herman Cain, que ahora va mejor que Pawlenty en los sondeos. Están Rick Santorum y Ron Paul y Jon Huntsman y… ¿Hola? ¿A alguien le interesa?

Este sombrío panorama mejora las probabilidades de Mitt Romney, que aún está por ser considerado favorito. Tiene los fondos, la experiencia, el pelo, la sonrisa — el aspecto y la voz de un candidato presidencial, que es más de lo que puede decirse de la competencia.

Romney no ha copado los titulares últimamente, y normalmente esto se consideraría un mal fario para un candidato. Pero a juzgar por la forma en que sus rivales se están autodestruyendo, yo le aconsejaría permanecer en una ubicación segura y desconocida hasta la convención Republicana del año que viene — y si el autobús de Palin recala casualmente en las inmediaciones de su escondrijo, pasarse a saludar simplemente.

Eugene Robinson
Premio Pulitzer 2009 al comentario político.
© 2011, Washington Post Writers Group
Derechos de Internet para España reservados por radiocable.com

Sección en convenio con el Washington Post

Print Friendly, PDF & Email