E. Robinson

Premio Pulitzer 2009, Catedrático Neiman de Periodismo en Harvard y Editor de la sección Exterior del Washington Post.

 

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Pobre Mitt Romney. Con todas las encuestas situándole a la cabeza de la candidatura presidencial Republicana, tiene que tener el corazón en un puño.

Como Hillary Clinton, el ex edil Rudy Giuliani y bastantes más que se quedaron por el camino, Romney tiene la desgracia de ser un favorito temprano. Normalmente esperaríamos que el resto del reparto convirtiera en polémica cada asunto demencial o inmoderado que el candidato favorito ha dicho o hecho en algún momento. Este año, sin embargo, el elenco está atacando a Romney con ejemplos documentales de moderación crónica, flagrante e incorregible. Pragmatismo incluso — me echo a temblar.

Ah, la humanidad.

La verdad es que Romney es un conservador ideológico básicamente, convencido de los recortes fiscales como solución a todo y satisfecho de ver a la clase media norteamericana prolongando su larga y triste decadencia. Pero en el seno del Partido Republicano actual, posicionarse a la derecha de Ronald Reagan simplemente no basta. Al parecer, también es necesario evadir como sea cualquier razón.

De ahí el nuevo cuño más desafortunado de la joven campaña, cortesía del ex gobernador de Minnesota Tim Pawlenty: “Obamneycare”. Ese es el término que utilizó el domingo para describir la reforma sanitaria del Presidente Obama, que cogía prestadas ideas de la batería de medidas de reforma que Romney concibió e implantó siendo gobernador de Massachusetts. Obamacare + Romneycare =… VALE, pillado, pillado.

T-Paw recibió claramente el mensaje de dejar de decir cosas con sentido y puede que se lo tomara un poco demasiado en serio. La pasada semana difundía un “plan” económico — utilizo el término a la ligera — concebido para poner de relieve su audacia y su optimismo. En lugar de eso, atrajo el escepticismo casi universal junto a una dosis importante de carcajadas.

Para no ser superado en la cuestión Republicana más importante, Pawlenty proponía recortes fiscales tan sustanciales que el déficit se dispara a lo largo de la próxima década hasta los 5,8 billones de dólares. Para paliar esta desastrosa proyección — que procede de la propia campaña de Pawlenty – T-Paw da por sentado que su cercenadora bajada tributaria induce de alguna forma a la economía a crecer a un ritmo sostenido del 5% anual. Eso es más del doble del ritmo esperado, y no sucederá — pero incluso si lo hiciera, y los cerdos volaran, el déficit todavía crecería 2 billones a 10 años.

Pawlenty reconocía el domingo que su plan es “una exageración” y que tal vez debía describirse como “aspirativo”. Ya sabe, igual que hacer planes de jubilación comprando un boleto de lotería.

Puesto que Romney nunca podría apoyar una propuesta tan irrespetuosa con la matemática elemental, supongo que Pawlenty sí logró definirse como una especie de anti-Romney. El problema de T-Paw es que está atascado en el pelotón de cola junto al resto de las réplicas anti-Romney, como el ex senador Rick Santorum, que vierte la acusación de que Romney no es en absoluto un auténtico conservador.

Además, Santorum mete a Jon Huntsman, que fue embajador en China de Obama antes de dimitir para considerar una apuesta presidencial. “Me parece que han ocupado cargos en el pasado que no han sido conservadores, y me parece que tienen que tener en cuenta esas cosas”, decía de Romney y de Huntsman. “Me parece que lo que preocupa a la gente y lo que vieron en… los presidentes del pasado que son Republicanos es que decían una cosa… y a continuación cuando ejercían, no ejercían de forma tan conservadora como hablaban”.

Eso no es muy justo. Romney es conservador en todos los sentidos de la palabra. Se da solamente la circunstancia de que tiene la costumbre de tener en cuenta la realidad objetiva y las opiniones de sus electores.

Cuando se presentó por uno de los estados más izquierdistas del país, gobernaba como si fuera partidario del aborto. Cuando buscó ideas con el apoyo Republicano para ampliar la cobertura sanitaria, se quedó en la obligatoriedad de contratar un seguro que ocupa el corazón de, ay, el Obamneycare. Cuando el país se asomaba al borde de una nueva Gran Depresión en 2009, dio su apoyo a una batería de estímulo económico pero discrepaba de la que implantaron Obama y los Demócratas.

Romney Confía en la ciencia y por tanto acepta que la actividad humana está contribuyendo al cambio climático. En 2007 dijo que apoyaba la legislación de intercambio de emisiones “a escala global”, pero no sólo para Estados Unidos. Estuvo a favor de la reforma integral de la inmigración hasta su campaña hace cuatro años, cuando se convirtió en un radical, pero ahora parece estar tratando de limar el asunto en favor de la realidad.

Siempre he estado convencido de que el principal activo de Romney como candidato Republicano potencial es su flexibilidad ideológica. Pero su principal obstáculo a la hora de alzarse con la candidatura es el pragmatismo tenaz que le hace decidirse por actuaciones que el Partido Republicano actual no deja sin castigo.

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