Ingrid Betancour y Luis Eladio Pérez estuvieron seis años secuestrados en la selva colombiana. Hace unos días les escuchamos en la Ser con motivo del libro ‘Infierno verde. Sentados en el estudio, tangibles a un paso de nosotros, les vimos cómplices de un discurso político implacable y una ternura a punto de romperse en ciertos gestos que es imposible que estén en ese libro.

Luis Eladio parece fuerte, no se si lo está o es que quiere cuidarla. Llegaron y en el pasillo ella iba primero. Al irse, rodeados por la emoción, Luis Eladio también caminaba detrás, como si quisiera darle empujoncitos de ánimo. Parece que Ingrid no ha vuelto todavía. Su mirada insondable sigue entre los matorrales del cautiverio, desde allí pide a gritos de los que no se oyen un machete que termine con esa maleza oscura y enredada. Con la emoción que le aprieta por dentro no puede ver la vida. Normal, 6 infiernos multiplicados por 365 son más de lo que podemos soportar.

Su hilo de voz debería hacer callar a Álvaro Uribe. Y además de callarle, tendría que escucharla: ‘La realidad de los muchachos que están ahí, la tropa guerrillera, ellos son realmente esclavos. Son niños, que sienten en algún momento dado de sus vidas que la guerrilla les da la oportunidad de ser alguien. No tienen futuro porque el país no ha abierto ese espacio para ellos’.

¿Saben en qué selva estuvo secuestrada? Yo tampoco. Si transcribo en Google la pregunta aparecen foros que ponen en duda su palabra. El Ministro de Defensa de Colombia afirmó que el rescate se produjo en la zona de Guaravia, pero a Ingrid, cuando le preguntan por Ingrid, no sabe dónde fue, en qué lugar del mapa sintió la frase que pronuncia bajito: ‘sin libertad la muerte es un alivio’.

Nosotros la miramos y queremos saber; – Venga Ingrid, qué te decían los niños guerrilleros, cómo son esos capos cabrones del narcotráfico, qué hacías por las tardes, cómo dormías, te fijaste en alguno de esos chicos, y la rutina, cómo y de qué se puede reír una en la maldita selva. Pero Ingrid no puede hablar de ayer y nos lleva al futuro, a buscar ‘una salida dialogada del conflicto, forzar la puerta’, a no escudarse sólo en la lucha militar contra las FARC del actual Presidente.

Así qué no nos engañe Lehman Brothers. Si hay que invertir que sea en miles de ejemplares de ‘Infierno verde’. Por si alguien se había olvidado: No somos el dinero que ganamos. Somos, eso sí, nuestros compromisos, la historia que escribimos sin querer.