La disolución definitiva de la banda terrorista vasca ha cerrado una etapa oscura y dolorosa para España y los españoles. Pero no sólo para ellos. También ha afectado a gente como los periodistas extranjeros que han cubierto España para medios internacionales. Hans Günter Kellner y Volker Mauersberger, dos corresponsales alemanes que residían en Madrid durante los años 90, los más duros de ETA, han detallado en un reportaje de la cadena internacional germana Deustche Welle que firma María Santacecilia, lo que supuso para ellos informar del terrorismo y sus sensaciones ante el final de la banda.

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En Deutsche Welle, Volker Mauersberger, histórico corresponsal en Madrid de la cadena pública ARD y de Die Zeit asegura: “ETA solo ha provocado tristeza en mi vida. Fue una de las razones principales por las que concluí mi labor como corresponsal en Madrid después de haber informado allí durante 12 años. Informé sobre tantos atentados… Me afectó sobre todo el destino concreto de algunas personas que fueron secuestradas y sufrieron torturas”. También recuerda la crudeza las imágenes del atentado de diciembre de 1991 en el que Irene Villa perdió las piernas: “Una y otra vez se ve el dolor de las víctimas: la sangre, el miedo y los muñones ensangrentados de la pequeña Irene alzándose ante la cámara”.

Hans Günter Kellner, colaborador de la cadena Deutschlanfunk y la agencia DPA y que sigue trabajando en España a donde llegó en 1996, por su parte señala: “Es muy duro hablar con un político y enterarte a la semana siguiente de que ha sido asesinado”. El corresponsal también recuerda que el asesinato de Miguel Ángel Blanco -que se produjo poco después de su llegada a Madrid- fue un punto de inflexión porque ponía el foco en los concejales de los ayuntamientos vascos: “Aquello me pareció muy contradictorio y, a partir de ahí, su estrategia perdió toda lógica y desapareció parte del apoyo que ETA tenía en la sociedad vasca”, afirma.

Los periodistas alemanes también rememoran el debate que existía entre los corresponsales germanos de los años 90 sobre el término adecuado para referirse a ETA: unos eran partidarios del “Terrororganisation” (organización terrorista) mientras otros preferían el “Untergrundorganisation” (organización clandestina). Kellner y Mauersberger utilizaban el primero, pero recuerdan que en los 90: “ETA gozaba aún en Alemania de algún pequeño reducto muy activo de simpatizantes de la extrema izquierda, que enviaban cartas de protesta a los medios diciendo que el corresponsal había informado mal”.

Volker Mauersberger explica que esa “simpatía” alemana hacia ETA en los años 70 se debía a que la rama político-militar de la banda vasca tenía contacto con el movimiento tupamaro en Latinoamérica y con la RAF en Alemania: “Entre la izquierda germana existió la esperanza de que, a través de ETA, surgiera un movimiento anticapitalista. Pero su propia trayectoria desacreditó a la organización”.

Ambos celebran la disolución de ETA, aunque Hans Kellner recuerda que el anuncio de 2011 del “cese definitivo de la violencia” ya auguraba este desenlace. Algo en lo que considera que la actuación del Gobierno de Zapatero, la negociación con la organización y su “inteligente” política penitenciaria” tuvieron mucho que ver, pese a que cree que se “produjo demasiado tarde”. En cualquier caso valora el paso dado en 2018 porque considera que era “necesario” que ETA pusiera punto y final de forma explícita a su trayectoria.

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