Es al menos lo que asegura el investigador Gabriel Pozo, autor del libro “Lorca, El ?ltimo Paseo”. Tras investigar durante dos décadas los hechos, sostiene que tres falangistas y un policía de la guardia del Comandante Valdés dejaron escritas unas “coordenadas exactas y un croquis” de la supuesta ubicación de la fosa del poeta Federico García Lorca.

 

Federico García Lorca
(Foto: Flickr/crisfusterber)

El investigador asegura que su tesis ha sido confirmada por los informes del Capitán Nestares, al mando del puesto de Víznar, y de sus lugartenientes, los falangistas Pedro Cuesta Hernández, Manuel Martínez Bueso y Joaquín Espigares. Estos documentos indican que a Lorca lo fusilaron en la madrugada del 17 al 18 de agosto de 1936 y enterraron en el extremo occidental del campo de instrucción de la tropa, a escasos metros del olivar y en perpendicular al cortijo de las Pepinas. Nestares habría hecho un croquis del lugar en 1969.

“Los falangistas fueron los protagonistas de aquellos días y siempre insistieron en que el cadáver de Federico está donde lo fusilaron. Así se lo dijeron al subjefe provincial de Falange, el periodista Eduardo Molina Fajardo. Incluso un policía que trabajó en el gobierno civil al servicio del jefe de seguridad Julio Romero Funes se atrevió a marcar las coordenadas aproximadas del lugar de la fosa: N37º, 14′ 485” W003, 32′ 938”. Este sitio se ubica en la curva frente al cortijo, entre el campo de fútbol abandonado y el olivar, bajo una capa de escombros de dos metros que fue vertida allí hace ahora quince años”, precisó el estudioso a Europa Press. 

Gabriel Pozo también revela que el supuesto enterrador de Lorca, Manuel Castilla “El comunista” cuyo testimonio ha servido hasta ahora para marcar la posible ubicación de la fosa y levantar alli un monolito en memoria del poeta, no estuvo en el enterramiento y sólo lo marcó porque tenía miedo.

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