La revista británica resalta que la recuperación española es un hecho, pero señala que aún presenta zonas de riesgo y motivos de preocupación. Considera que España se ha beneficiado de una coyuntura favorable -en Europa, con los precios del petróleo y el BCE- y que esto ha tenido mayor impacto en la mejoría que las políticas y reformas del gobierno. Pero sobre todo advierte que la recuperación no está “sanado las heridas” abiertas durante la crisis y puede provocar “convulsiones políticas”.

The Economist apunta que la crisis griega ha ensombrecido la recuperación de otros países del Sur de Europa y en particular de la economía española, a la que ve ahora “de nuevo en pie” tras las dudas que generó hace tres años y que amenazaron a la eurozona en su conjunto. Enfatiza además que el crecimiento que registra España es muy superior al de la media del resto de sus socios europeos. Pero frente a la idea general que atribuye esta situación a los frutos dados por las reformas del gobierno español, no ve “claro” que éstas hayan tenido un impacto significativo en la recuperación.

El artículo señala que España se ha beneficiado de la mejora del ciclo económico en toda Europa, del descenso del precio del petróleo y de la política ultraexpansiva del BCE.  Pero cree que el veredicto sobre la eficacia de las reformas, en particular la laboral y la de emprendedores, es mixto. Además pone “en perspectiva” la recuperación de España, advirtiendo que el PIB sigue un 4% por debajo del nivel de 2008. Añade como otros motivos de preocupación que la actual mejoría se basa sobre todo en la demanda interna y que  las finanzas públicas españolas aún tienen unos números “pobres” y podrían cerrar el año con un 4,5% de deficit. Y concluye que la recuperación ha hecho poco por “sanar las heridas abiertas” durante la crisis.

The Economist es un semanario británico que se publica desde 1843 y considerado un referente en el  análisis de las relaciones internacionales y la economía. Su opinión influye en la imagen exterior de los países, en los inversores internacionales y marca la agenda de otros medios de comunicación. Pertenece  en un 50% al grupo Pearson -que también edita el Financial Times- mientras que el resto está en manos de accionistas independientes -incluyendo a miembros del staff- y la familia Rothschild. Su linea editorial es neoliberal tanto a nivel económico -a favor del libre mercado, la globalización y la libre inmigración- como en temas sociales -han apoyado el matrimonio gay, la legalización de las drogas o el control de armas-. Y politicamente han respaldado tanto a candidatos conservadores como de izquierdas. Sus artículos no van firmados. Su circulación en 2014 superaba los 1,5 millones ejemplares.  

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