El primero fue el ex primer ministro Rafik Hariri, en 2005. Le siguieron otros más, entre ellos Pierre Gemayel, hijo del líder de las Falanges cristianas Amin Gemayel. Antonie Ghanem, asesinado en las últimas horas, es la octava personalidad libanesa antisiria muerta en un atentado.

 Ghanem era miembro del Movimiento 14 de Marzo, el bloque político que llegó al poder tras la retirada de las tropas sirias hace dos años, compuesto principalmente por musulmanes suníes, cristianos y drusos, apoyado por Estados Unidos y Arabia Saudí, liderado por el primer ministro Fuad Siniora y Saad Hariri (hijo de Rafik Hariri) e inoperante desde hace meses debido a la profunda división parlamentaria.

 Con la muerte de Ghanem, el Movimiento 14 de marzo puede estar a solo dos diputados de perder la mayoría, a no ser que consiga reemplazar a Ghanem de inmediato, a ser posible antes del 25 de este mismo mes, día en el que el Parlamento se reunirá para elegir en un plazo de sesenta días un nuevo presidente de Líbano.

 El 14 de Marzo acusa a Siria del goteo de atentados, pero ésta niega toda relación. Cierto es que con los asesinatos de diputados antisirios la oposición política prosiria (Hezbolá y el bloque cristiano liderado por el general Aoun, que cuentan con el apoyo de Irán y Siria) ve mermada la mayoría parlamentaria de sus contrincantes políticos.

 Cabe preguntarse si el régimen de Damasco es tan torpe como para crear justificaciones de acciones externas que podrían perjudicarlo. No hay datos suficientes aún que puedan contestar a esta cuestión. Pero lo que sin duda se puede afirmar es que el atentado contra Ghanem agrava la crisis política de Líbano en vísperas de una elección crucial, la de su futuro presidente.

El 23 de noviembre el actual presidente, Emile Lahoud, de la coalición prosiria, tendrá que dejar su puesto. Si para entonces no hay acuerdo parlamentario, el grupo mayoritario recibiría automáticamente poderes ejecutivos para nombrar presidente. La oposición política ya ha advertido de que si esto ocurre Lahoud podría decidir formar un nuevo gobierno y la ruptura del país estaría servida. Quedan 64 días hasta entonces, un periodo en el que no deberíamos perder Líbano de vista.