E. Robinson

Premio Pulitzer 2009, Catedrático Neiman de Periodismo en Harvard y Editor de la sección Exterior del Washington Post.

 

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Eugene Robinson – Washington. ¿Cómo es posible que el director ejecutivo de BP Tony Hayward no haya sido despedido? ¿Cómo puede alguien creerse una palabra de lo que dice este hombre en este punto? Si me dijera que mi madre me quiere, pediría una segunda opinión.

Hayward se ha disculpado por su lapso de franqueza — la queja ya famosa del pasado sábado de “Me gustaría volver a mi vida normal”. Debe de ser una vida realmente agradable: Según Forbes, la remuneración total percibida por Hayward en el año 2009 de BP rondó los 4,6 millones de dólares. Los pescadores de Louisiana que se han quedado en el paro a consecuencia del vertido están acostumbrados a vivir con muchísimo menos. En un comentario de Facebook, Hayward decía que sus insensibles palabras “no representan mi sentir con esta tragedia, y desde luego no representan el sentir de la gente de BP”.

En cuestión de horas, no obstante, el pez volvía a morir por la boca de Hayward. La iniciativa encaminada a contener el petróleo y alejarlo de la Costa del Golfo ha sido “muy fructífera”, declaraba al Financial Times. “Considerando el tamaño que ha tenido esto, se nos ha escapado muy poco”.

Esta optimista evaluación se producía al mismo tiempo que las cadenas de televisión emiten imágenes de humedales de Louisiana empapados de crudo en los que mano de obra equipada con trajes anticontaminación — que decían tener órdenes de BP de no hablar con los medios, bajo pena de despido — intentaban absorber el desastre con lo que parecían trapos, como si esto se tratara de un accidente doméstico en una gigantesca cocina. Mientras tanto, corpúsculos de petróleo “degradado” con aspecto de espuma eran arrastrados a las playas de Alabama, y las autoridades de Florida vigilaban la llegada de un amenazador brillo oleoso. Los científicos no han empezado aún a evaluar el impacto potencial a largo plazo del vertido petrolero sobre la salud humana, la fauna marina o la ecología de la costa. Carol Browner, la principal asesora del presidente en materia de energías y medio ambiente, decía que el incidente de la plataforma Deepwater Horizon es ya el peor desastre medioambiental de la historia de los Estados Unidos.

Dése otra palmadita en la espalda, Tony.

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El Almirante Thad Allen, que dirige la respuesta, es un tipo agradable — en términos de la gestión pública de BP que ha hecho, demasiado. El jueves, mientras BP llevaba a cabo su tentativa más reciente por atajar la fuga, Allen elogiaba a la empresa por proporcionar imágenes desde distintos planos del progreso en el suelo marino. Pero durante semanas, BP se negó a hacer pública cualquier imagen televisiva de la fuga de crudo, y desistió sólo bajo presión de funcionarios estadounidenses.

Las declaraciones de Hayward acerca de los esfuerzos por taponar el conducto han estado de forma constante faltos de fiabilidad, y muy poco importa si está engañando deliberadamente o simplemente siendo demasiado optimista. La cúpula gigante de contención iba a funcionar; no funcionó. La segunda campana de contención, mucho más pequeña, iba a cumplir el papel; nunca llegó a emplearse. El procedimiento “top kill” iba desde luego a detener el vertido, y las primeras indicaciones, según Hayward, apuntaban a que se estaba logrando. Pero aún así veteranos de la industria petrolera como T. Boone Pickens dijeron que el procedimiento del top kill era una posibilidad bastante remota en el mejor de los casos, y tenían razón.

¿Y qué hay de esas chimeneas submarinas gigantes de petróleo que científicos y periodistas siguen descubriendo? Hayward niega que existan. Su postura es la del mujeriego sorprendido con las manos en la masa por la airada esposa: “¿A quién vas a creer, a mí o a lo que parece?”

Desde la deflagración y el incendio de la plataforma Deepwater Horizon hace seis semanas, las acciones de BP han perdido más de un tercio de su valor. Dos empresas de calificación, Fitch y Moody’s, han rebajado la deuda a largo plazo de la compañía, y se estima que lo que va a costar a BP detener de una vez la fuga y sanear su desastre oscila entre los 3.000 y los 30.000 millones de dólares. Todo esto ha sucedido bajo la dirección de Hayward.

Que alguien por favor devuelva a este caballero su vida normal.

Pero una vez que se haya hecho, volvamos nuestra indignación hacia los verdaderos canallas. Este ejercicio exige un espejo.

Un accidente como el del hundimiento de la Deepwater Horizon iba a suceder antes o después. Hay casi 4.000 plataformas petroleras en la Costa del Golfo, y las que extraen la mayor parte del crudo se encuentran en alta mar — donde, como sabemos ahora, los procedimientos de seguridad adaptados son insuficientes. La moratoria del Presidente Obama a la prospección en aguas profundas sólo durará hasta que se conciba alguna clase de parche tecnológico. Entonces intensificaremos los esfuerzos de las perforadoras una vez más.

Sabemos que nuestra dependencia del petróleo es ruinosa en última instancia, pero aún así nos negamos a tomar medidas — un importante impuesto a las emisiones, por ejemplo — para paliarla. Mucho después de que Tony Hayward responda por sus pecados, estaremos pagando los nuestros.

Eugene Robinson
Premio Pulitzer 2009 al comentario político.
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