En cuestiones de innovación, España corre el riesgo de quedarse definitivamente atrás. La crisis ha provocado un recorte del 50% en I+D con respecto a 2010 y la inversión actual es equiparable a la que había en 2004, un 10% por debajo de la que había antes de la recesión. Y esto se combina con una tendencia europea que va en sentido contrario, ya que los países de la UE dedican ahora un 25% más a I+D que antes de la crisis. Este es el preocupante análisis que hace del panorama de la innovación en España, la Fundación Cotec en su último informe anual.

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En concreto se señala que en la actualidad España es un “excepción en Europa” al formar parte de los cuatro únicos países que aún no ha recuperado los niveles de inversión en I+D de 2008. La Fundación Cotec apunta que en 2015, el gasto total de España creció un 2,74% hasta alcanzar los 13.172 millones de euros, en lo que constituye la primera subida significativa desde 2008. Pero advierte de que el aumento es inferior al al crecimiento del PIB, que fue del 3,2%, por lo que en términos porcentuales, el gasto en I+D volvió a caer.

Otro aspecto en el que España está por detrás de la media europea es en la inversión en I+D por parte de las grandes empresas. En 2015, las compañías españolas ejecutaron el 52,5% del gasto total en I+D, mientras que el promedio en Europa fue del 63,3%. Y casi la mitad del gasto empresarial español corrió a cargo de las pymes, mientras que en países como Francia, Italia o Reino Unido solo ejecutaron alrededor del 20 %, y en Alemania, menos del 10 %.

La Fundación Cotec también analiza al panorama laboral en I+D, donde hay luces y sombras. Así por primera vez desde 2010, el número de personas que realizaban actividades en este sector aumentó hasta alcanzar los 200.866, 633 personas más que el año anterior. Sin embargo el número de investigadores por cada mil ocupados en España es de 6,8, inferior al 7,9 de la media europea, en gran parte por el menor peso de los investigadores en las empresas, 2,4 por cada mil ocupados, frente a 3,8 en la UE. En cambio, este indicador en las administraciones públicas españolas es mejor que la media europea: 1,1 investigador por cada mil ocupados,  frente al 0,9 en el Continente.