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Iñaki Gabilondo en Noticias Cuatro: “El Parlamento Europeo ha rechazado la propuesta de autorizar la jornada semanal de sesenta y cinco horas. Como detrás de toda guerra de cifras hay siempre una batalla ideológica, vamos a acercarnos a ella.

 Los que apoyaban la ampliación a las 65 horas argumentaban aproximadamente así: “en el mundo actual, abierto y global, sólo tendremos porvenir si flexibilizamos las relaciones laborales al máximo. No hacen falta convenios, ni sindicatos, ni normas colectivas. Si los empresarios y los trabajadores se ponen de acuerdo, adelante hasta las sesenta horas o más. Sólo así podremos competir con los países emergentes, donde si hace falta se trabajan las 24 horas del día”.

Los contrarios a las 65 horas, decían, aproximadamente, esto: “Europa no es sólo un mercado, es un espacio social. Se han vertido mucho sudor, muchas lágrimas y mucha sangre para conquistar derechos que no podemos ceder, y que, además, forman ya parte de la personalidad europea. No aceptamos una versión renovada y paternalista de la esclavitud. Es más, aspiramos a ir conciliando nuestra vida laboral con nuestra vida familiar, sin sacrificar ésta en modo alguno. Hemos de mejorar nuestra competitividad, desde luego, pero no aumentando el número de horas de trabajo, sino haciendo crecer el valor añadido de lo que produzcamos a través de la formación, la tecnología y la investigación”.

 Estas son las dos visiones en litigio. El resultado de la votación de hoy (421 contra 273) demuestra que hay pelea para largo: pelea técnica, económica, social y política. Y es curioso que se hable de 65 horas semanales ahora que se están produciendo despidos a millares. Es otra paradoja más de este extraño momento histórico, regido por leyes que no son ni las del liberalismo, ni las del socialismo, ni las del comunismo, ni de ninguna otra doctrina conocida. Pero que no es, desde luego, el fin de las ideologías. Probablemente es todo lo contrario.”