La polarización que suscita la figura del líder de la izquierda abertzale ha vuelto a quedar de manifiesto tras su invitación a Barcelona y su discurso en el Parlamento catalán, al mezclarse además con el debate secesionista local. Periodistas, artistas y ciudadanos han reaccionado a la visita de Otegi con división de opiniones. Abundan sobre todo las críticas y los calificativos de “bochorno”, “indecente” o “desprecio a las víctimas”, pero también se defiende su derecho a expresarse, se recuerda episodios oscuros del pasado y se resalta un aspecto: Otegi levanta mucha mayor expectación en sus actos y viajes que sus rivales políticos, incluído el actual lehendakari.

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