Dicen los que entienden de estrellas que la base fundamental del  ADN está integrada no por  cadenas de nucleótidos,  ni puentes de hidrógeno ni cosas de esas como defienden los científicos al uso, sino  por elementos que la naturaleza bendice ( aunque a veces se le insubordinen…) metal, agua, madera, fuego y tierra. Dependiendo no sé de qué confluencias astrales así nos va  en nuestro ir y venir terrestre. Con lo cual el asunto ??escudo heráldico? se caería por su propia base dando paso a una realidad unipersonal de nobleza o innobleza puntual e individual . Así es, si así les parece. Y debe ser cierto porque, en mi caso,  a fuerza de analizar los avatares de mi vida, exceptuando algunos rasgos claramente semejantes a los de mi padre o de mi madre, que yo juzgo presentes en mí más que por la sangre por el ejemplo,  hay un componente presente en mi trayectoria que cada día desde que nací me dice ¡aquí estoy yo!: la piedra.

Analicemos:

Mi apellido. Cuando la palabra BERLÍN se hace sonora, aparece como por arte de magia, la imagen del muro de hormigón, cemento y vaya usted a saber que disfraces más. En definitiva: piedra.
El nombre de mi padre: Pedro, del latín Petrus = piedra. Todo un símbolo ¿ casual…, o causal?
Mi trayectoria: una escalera de material pétreo difícil de coronar pero que, peldaño a peldaño a fuerza de estirar la pierna, va conformando la materia viva de mi vida. Este componente sí lo he transmitido a mis hijos, así como el antídoto: paciencia, constancia y voluntad. ¿Quien dijo miedo…?
Y para colofón de mi currículo, un sedimento terroso hace su aparición éstos días  en el delta de mis adentros, que viene a darle la razón a los astrólogos: Me está haciendo ver las estrellas.?¿ Será una rosa…? ¿ Será un clavel…? En el  mes de Julio te lo diré?.

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