“[…] En un rincón del puerto de Bukavu, cabeza de distrito del Kivu Sur, una anciana está de cuclillas al lado de los sacos de harina de mandioca que vino a vender a los pescadores locales. A poca distancia de ella, pasan algunos hombres que embarcan hacia la isla de Idje, perdida en medio del lago. Dirección: las minas de coltán del islote. ??No vayáis allí. El coltán es la muerte?, les murmura […]

Los métodos de trabajo son cercanos a los de los antiguos buscadores de oro del Oeste. Algunas palas y barrenas y el sudor del esfuerzo físico. En un Kivu esencialmente rural, el coltán ha devastado una amplia parte del territorio. Por él, los mineros han abandonado sus cosechas, desbrozado los parques naturales y hecho huir a animales raros. Todo eso por un puñado de dólares. Pues no son los mismos mineros, sino los milicianos y militares que controlan la región, los que cosechan el fruto de las riquezas mineras. Durante la guerra, fueron muchos los casos de poblaciones aldeanas a las que se forzó a cavar bajo la amenaza de los kalachnikofs. Actualmente, la situación ha mejorado un poco. Aunque los mineros siguen estando bajo la férula de los hombres armados, que tasan sin compasión cada saco de coltán extraído por los cavadores…” [sigue AttacMadrid]

 

 

[y también] “El congo transformado en autoservicio minero”

 

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