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Fernando Berlín, el autor de este blog, es director de radiocable.com y participa en diversos medios de comunicación españoles.¿Quien soy?english edition.

El periódico New York Times publica un amplio reportaje sobre la ciudad de Madrid. Está en la sección de viajes del periódico y lleva la firma de Elaine Sciolino. El artículo recoge algunos de los atractivos de la ciudad y hace numerosas recomendaciones : tanto de restaurantes como de paseos y de hoteles económicos. Pero no se queda solo en eso: “madrid vuelve, de nuevo a ser una ciudad para los caminantes” dice, gracias a que “el proyecto de renovación urbana de Ruiz Gallardón está detenido…”. Es una porción de la imagen española que se proyecta hoy en la prensa extranjera:

Durante cinco años, el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón con su proyecto de reforma urbana convirtió gran parte de la capital de España en una enorme obra. […] Sin embargo, la recesión y el fin del auge inmobiliario han detenido la mayor parte de los ambiciosos lifting. El alcalde ha pospuesto un plan para reorganizar el tráfico de peatones y calles que atraviesan el Prado -un movimiento que habría talado decenas de árboles. Por el momento, se ha recuperado la humanidad de la ciudad.

 Madrid, is once again a city for walkers. For five years, Mayor Alberto Ruiz-Gallardón??s urban renovation project had turned much of the Spanish capital into a massive construction site. […] But the recession and the end of the property boom have halted much of the ambitious face-lift. The mayor has postponed a plan to reorganize the traffic and pedestrian lanes running past the Prado ?? a move that would have felled dozens of trees. For the moment, the city??s humanity has been restored. [more]

En efecto, nadie mejor que los madrileños comprendemos el suplicio que han supuesto estos años de construcciones desmedidas. Lejos de buscar medidas originales, Gallardón decidió transformar la ciudad repartiéndola entre constructores. Y ellos han hecho y deshecho con grandilocuencia verdaderas atrocidades estetico-urbanísticas. Sólo así se explica el atropello visual de la Plaza de la Luna, por ejemplo.  Nunca su nombre fue tan apropiado, aunque ahora debería llamarse la plaza de hormigón donde no hay ni una miserable plantita.

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