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Fernando Berlín, el autor de este blog, es director de radiocable.com y participa en diversos medios de comunicación españoles.¿Quien soy?english edition.

Defendía hoy el Presidente del Gobierno que, con la Ley de Economía Sostenible, se pretende que haya “menos sectores no sostenibles y aumenten el tamaño de los otros sectores”, los de las telecomunicaciones. Son los que, según el Presidente, han sufrido menos el golpe de la Crisis.

Lo dice mientras, paralelamente se aprueba la conocida como Ley Sinde. Toda una contradicción. Si así quieren impulsar el sector de las telecomunicaciones se están equivocando. El Presidente, eso sí, no ha hecho ni una sola mención explícita a la polémica sobre esta materia en la rueda de prensa.

Esa Ley es un error, un grandísimo error contra la libertad de expresión y contra el futuro de Internet. Como decía esta mañana: si esa Ley hubiera existido hace 10 años Internet no existiría tal y como la conocemos. Así de simple.

El Presidente del Gobierno no está defendiendo la cultura, está defendiendo el ultracapitalismo. De salir adelante el anteproyecto de Ley dejará en un limbo legal a miles de páginas web, entre ellas, todas aquellas que tengan reproducido un simple artículo de periódico o un vídeo de youtube.

Lo que veníamos denunciando hace meses lo ha visibilizado Reporteros sin fronteras advirtiendo: “Peligro internacional para la libertad de expresión en Internet”

Para empezar, aparquemos los mitos:

Primer mito: Internet no es el oro del “todo gratis”, nunca lo fue. Una conexión cuesta cerca de 40 euros: difícilmente podríamos llamarle así. Las principales beneficiarias, por tanto, son las operadoras de telefonía, no el usuario final. Hasta tal punto llega la hipocresía, que Telefónica se anuncia en Chile y Argentina como una oferta “Sin restriccions P2P

Segundo mito: No son sólo los autores españoles, ni los cineastas, quienes han conseguido colar la Ley Sinde. Son las grandes compañías transnacionales, las grandes industrias extranjeras del cine -fundamentalmente norteamericanas-, de los libros, de los periódicos y del ocio multimedia. El ultracapitalismo más liberal que trata de imponer su modelo por todo el planeta. Lo están haciendo a través de una estrategia común denominada ACTA, pero de esto hablaremos después. Con ella se pretende equiparar textos, libros, música y cine a las patentes del medicamento…

Tercer y mas complicado mito: ¿Debe un autor cobrar toda la vida por una obra que escribió hace años? ¿Existe realmente la originalidad de una obra? ¿no son acaso, variaciones sobre creaciones ajenas? ¿Por qué no debería equiparse a otras actividades donde la creación recibe dinero hasta que es rentabilizada?. Si fue una victoria del progresismo, ¿no debería ser progresivo? ¿Debe seguir cobrando derechos Julio Iglesias como si fuera un pequeño y autor?

¿Sólo deben recibir la cultura quienes la pueden pagar?

En efecto hay una desconocida estrategía comercial, que se está negociando a espaldas de los ciudadanos y que, como digo, tiene nombre: se llama ACTA. Cito de Wikipedia:

El Anti-Counterfeiting Trade Agreement (ACTA) es una propuesta para un acuerdo comercial plurilateral, según sus promotores, en respuesta al “incremento de los bienes falsificados y obras protegidas por copyright pirateadas en el mercado global”.[…]
A pesar de que el título del tratado sugiere que el acuerdo sólo cubre falsificaciones de bienes físicos (como medicinas), el tratado propuesto tendrá un alcance más amplio, incluyendo “la distribución de Internet y de las tecnologías de la información”

Las negociaciones de ACTA se llevan a cabo de forma secreta y no pertenecen a ninguna organización internacional. La Comisión Europea, la Oficina del Representante de Comercio de los Estados Unidos, y el Departamento australiano de Comercio y Asuntos Extranjeros, y otras agencias de gobierno han reconocido haber participando en las negociaciones de ACTA

Esto se lleva cocinando en silencio desde hace años y solo tras algunas filtraciones y denuncias como la de Reporteros sin Fronteras, los implicados se han visto a dar explicaciones.

El objetivo es afianzar un negocio nada social, aunque eso cueste 30 años. A tiempo estamos todavía de exigir que la palabra cultura recupere su verdadero significado.

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