La versión que New York Times hace de España es digna de análisis.

Viene a decir que Zapatero gestionó bien la crisis, e hizo todo lo que tenía que hacer, aunque algo a destiempo y empujado notoriamente por Obama (que le llegó a llamar por teléfono).

Pero la posición de los sindicatos mayoritarios y del seguimiento social que han tenido sus protestas, hizo que las Calificadoras desconfiasen en que las medidas de ajuste se pudieran llevar adelante, no por Zapatero, si no por su base social.

Es decir, según Fintch, que fue la primera Calificadora que rebajó el rating de España, quien debía deponer la resistencia, en lo económico, era la base social de Zapatero.

Pues bien, ahora llega una época de hegemonía del PP. En esta lógica, según se vaya consolidando esta nueva hegemonía las desconfianzas mundiales debieran cesar, o cuando menos remitir.

Al claudicar se impondrá la necesaria austeridad, que de alguna manera produce una fantástica confianza en futuros créditos.

Esta es una extraña lógica, es como confiarse a un cuento de hadas apelando a la sensatez. La Calificadoras, Diosas de los Mercados, reaccionaran primero manteniendo los actuales ratings -malos- y luego los volverán a rebajar al no reactivarse la economía.

Y, lo que aún más nos podemos temer es que esa hipotética ventaja, en lo económico, se vea acompañada de una nueva andanada de hiperconservadurismo y beligerancia belicista.