Las cuatro bombas de hidrogeno de EEUU que cayeron por accidente en España en 1966 no llegaron a estallar, pero dañaron significativamente a los vecinos de Palomares. Es lo que pone de relieve el New York Times, en un artículo es de su corresponsal Raphael Minder que ya en ocasiones anteriores había denunciado que el caso de Palomares no se estaba tratando con la “urgencia que merece”. Se rememora la polémica en torno a la limpieza de la zona, donde sigue habiendo altos niveles de radioactividad, y se detallan el impacto y las “cicatrices” que el caso ha dejado en la población.


El New York Times rememora cómo hace 50 años, José Manuel González Navarro, vecino de Palomares fue testigo del accidente entre un bombardero y un avión de repostaje del Ejército de EEUU e incluso vio caer una de las bombas con un paracaídas, al que luego cortó las líneas para pescar. Añade que pocos se dieron cuenta entonces de la gravedad del caso, pero aunque no llegaron a detonar, dos de las bombas se abrieron y dejaron escapar plutonio en el pueblo. Añade que la polémica sobre quién debía limpiar la zona ha provocado un gran daño sobre Palomares y un estigma que ha afectado a todos los vecinos y a sus modos de vida, ya que por ejemplo ni los tomates, lechugas o sandías que se cultivan en la localidad llevan etiqueta de su origen.

Pero sobre todo el texto resalta, que 50 años después, la limpieza del sitio sigue siendo un asunto pendiente. En 1966, EEUU sacó 5.000 barriles de tierra contaminada, pero en la última década estudios medioambientales han revelado que sigue habiendo en la zona altos niveles de radioactividad. El NYT detalla las presiones del gobierno de España a EEUU para que se encargará de la limpieza y el compromiso adquirido en octubre por John Kerry para llevarlo a cabo, pero advierte de que se sigue discutiendo quién se paga la factura. Y enfatiza que los efectos de la radiación a largo plazo en la población siguen siendo un asunto “turbio”. Resalta que los estudios científicos realizados periódicamente no han revelado efectos significativos en la salud, pero puede considerarse que los vecinos sí han sufrido un “profundo impacto psicológico”.

El New York Times se publica desde 1851 y está considerado como el diario más influyente de EEUU y el mundo. Es propiedad de la familia Ochs Sulzsberger y el magnate mexicano Carlos Slim también tiene acciones del diario. Su tirada en 2013 fue de 731.395 ejemplares en papel y 1.133.923 suscriptores on line, lo que deja una circulacion total de 1.865.318. Además su website recibe más de 30 millones de visitantes únicos al mes. Su línea editorial está considerada como liberal/progresista. En 2012, publicó un reportaje documentando sobre cómo la crisis económica estaba provocando miseria y hambre en España, que provocó un gran impacto.

Raphael Minder es corresponsal del New York Times para España y Portugal desde 2010. Nacido en Suiza empezó su carrera en Bloomberg para luego incorporarse al Financial Times, para el que trabajó como corresponsal durante 10 años en París, Bruselas, Sydney y Hong Kong. Ha sido el autor de algunos reportajes que han dado mucho que hablar en España cómo el que evidenciaba el servilismo de la prensa española con el poder político e incluía las crítica a El País de Miguel Ángel Aguilar, uno sobre el “Pequeño Nicolás” y la importancia de las conexiones personales en España o un artículo sobre Emilio Botín en 2011, resaltando su influencia y siendo de los primeros en hablar abiertamente de su cuenta en Suiza.

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