El diario italiano publica un analisis de Luigi La Spina que repasa las analogías y diferencias de la situación de España e Italia. Y asegura que las mayores responsabilidades de las clases políticas en ambos países han sido no haber sabido corregir a tiempo los fallos y las incongruencias de los sistemas económicos y los ordenamientos sociales.

La Stampa dice: “En España, frente a una deuda pública que es en poco superior a la mitad de la italiana, hay una base industrial débil y precaria, a la que se añaden entidades crediticias, en algunos casos, en graves dificultades. Una fisonomía encubierta por los éxitos de una burbuja especulativa inmobiliaria que, cuando estalló clamorosamente, evidenció la incapacidad del sistema de reabsorber los enormes vacíos del empleo que aquel sector había creado.”

Y apunta: “Las mayores responsabilidades de las clases políticas, en España y en Italia, son precisamente las de no haber sabido corregir a tiempo los fallos y las incongruencias de los sistemas económicos y de los ordenamientos sociales de los dos países. Una acusación que los análisis expuestos en el libro documentan con gran claridad y que, justamente, se atribuye a las dos coaliciones políticas españolas .Comenzando por la época del popular Aznar y continuando con la experiencia de las dos legislaturas del socialista Zapatero, hasta llegar al actual jefe del gobierno, Rajoy, cuyas primeras medidas no parecen querer afrontar los verdaderos problemas estructurales de España.”

El texto añade: “Reproches que hubiera que extender también al bipolarismo inconcluyente de la llamada Segunda República italiana, incapaz de afrontar el egoísmo corporativo de una sociedad agotada por una estéril logomaquia en pro y en contra de Berlusconi. He aquí por qué hay acaso realmente un destino común entre España e Italia, ciertamente no exaltante: el futuro de los dos países dependerá de las opciones de la Unión Europea más que de la acción de los gobiernos nacionales. Y sólo las próximas generaciones podrán juzgar si ha sido para bien o para mal.”

[Leer el artículo completo en La Stampa]