E. Robinson

Premio Pulitzer 2009, Catedrático Neiman de Periodismo en Harvard y Editor de la sección Exterior del Washington Post.

 

Sobre Robinson

Sus columnas, ahora en radiocable.com

Otros columnistas del WP

 

Eugene Robinson – Washington. Dejemos esto claro: ¿Es el déficit federal una crisis tan grande que no podemos extender la prestación por desempleo de millones de parados estadounidenses, en peligro de perder sus casas por las letras impagadas de la hipoteca muchos de ellos? Pero sin darle más vueltas, podemos ampliar una masiva bajada temporal de los impuestos a los ricos, incluso si pedir a los ricos que arrimen su hombro contribuiría bastante a borrar el déficit.Esto, como amablemente establece el Senador de Arizona Jon Kyl, es la política económica del Partido Republicano. Es tentador concluir que si los Demócratas salen derrotados en noviembre, será culpa suya porque se postulan contra un partido que predica la pura incoherencia.

Lo que pasa es que ya sabemos que las recetas de los Republicanos para la economía no funcionan. Dimos a su planteamiento una oportunidad de ocho años bajo George W. Bush – básicamente, exprimir de dinero a la clase media y transferirlo a la clase alta, que teóricamente manifiesta a continuación su gratitud creando empleo para lo que el presidente de BP llama «la gente corriente». El resultado del experimento ha sido la peor recesión económica sufrida desde la Gran Depresión.

Eso debería cerrar la cuestión de lo que se juega este otoño. Los Demócratas deberían enfrentarse a la perspectiva de sufrir derrotas modestas, consistentes con el patrón histórico de las legislativas. En vez de eso, se las van a ver y desear para conservar sus mayorías en las cámaras, sobre todo en la Cámara de Representantes.

Soy de los que creen que el portavoz de la Casa Blanca Robert Gibbs hizo un favor a su partido al anunciar públicamente lo obvio: está en el aire el control de la Cámara de Representantes. También soy de la opinión de que las esperanzas del Partido Republicano no son tan halagüeñas como creen algunos observadores. Pero la franqueza de Gibbs parecía sacar a los Demócratas del amargo cansancio en el que vienen estando sumidos. El partido ha entrado ahora en una especie de frenesí agrio, pero es una mejora.

Publicidad

Una de las razones de que esté tan seguro de que habrá un pinchazo Republicano en las urnas en otoño es que al tiempo que las encuestas muestran que el país está dominado por la tónica de castigo a la administración, hay también pruebas considerables de que la gente ve al Partido Republicano como parte del problema, no parte de la solución. Una nueva encuesta del Washington Post, por ejemplo, muestra que el 58 por ciento de los votantes tienen «sólo algo de confianza» o menos, en el liderazgo del Presidente Obama, y que el 68 por ciento pone igualmente en duda la capacidad de dirección de los Demócratas del Congreso. Pero 72 por ciento tiene poca o ninguna confianza en los Republicanos del Congreso – lo que me hace pensar que el Partido Republicano tiene trabajo que hacer antes de empezar a repartirse las dependencias del Capitolio.

Otra razón para tener cautela es que el Partido Republicano no está en sintonía con la opinión pública estadounidense en tantos temas. Los estadounidenses quieren que se amplíe la duración de la prestación por desempleo. Quieren una regulación financiera más estricta, rematada con protección al pequeño inversor. Hasta la reforma sanitaria, que el Partido Republicano logró retratar como el Apocalipsis, se vuelve más popular a medida que pasan los meses y por alguna razón el mundo no se acaba.

Es cierto que en algunos temas, los Republicanos ocupan la posición más popular. En inmigración ilegal, por ejemplo, la mayoría de los estadounidenses está de acuerdo con el enfoque de mano dura del Partido Republicano que antepone la seguridad de la frontera. Pero los votantes latinos son apasionados al apoyar la política de Obama de alcanzar una reforma integral de la inmigración, incluyendo una vía a la regularización para los inmigrantes en situación irregular que ya residen aquí. Si los Demócratas saben encauzar esta pasión, pueden conservar escaños en el Congreso y el Senado que de lo contrario perderían por la mínima — y, en el proceso, cimentar el apoyo de la minoría mayor de la nación con la vista puesta en las próximas décadas.

Tras levantarse de las cenizas de 2008 cerrando filas contra todo lo que intentaron hacer Obama y los Demócratas, los Republicanos se definen más por la palabra «no» que por cualquier otra. Tienen grito de guerra, pero no programa. ¿En serio van a aceptar los populistas del movimiento de protesta fiscal la filosofía económica de las rentas altas que tiene la cúpula Republicana del Congreso? ¿Va a ser el «perfora pequeña, perfora» una estrategia energética viable tras la catástrofe de BP? ¿Es el Senador Lindsey Graham la voz del partido en Afganistán, o es Michael Steele?

Hay mucho con lo que los Demócratas se pueden poner a trabajar. Por casualidad creo que Obama y su partido tienen unos antecedentes patentes de logros. Muchos estadounidenses no están de acuerdo, sin embargo, y lo que hay que hacer es no perder los nervios y sentirse incomprendidos, sino salir y cambiar la opinión de la gente.

Los Demócratas tienen que superar su trance. Y luego tienen que ponerse manos a la obra.

Eugene Robinson
Premio Pulitzer 2009 al comentario político.
© 2010, Washington Post Writers Group
Derechos de Internet para España reservados por radiocable.com

Sección en convenio con el Washington Post

Print Friendly, PDF & Email