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Fernando Berlín, el autor de este blog, es director de radiocable.com y participa en diversos medios de comunicación españoles.¿Quien soy?english edition.

Me llamó esta semana la periodista Pilar del Río, al hilo de todo lo que está sucediendo con el cierre de espacios aéreos tras la erupción del volcán islandes. Estuvimos charlando sobre lo cada vez más delicadas y dependientes que son las relaciones entre nuestra civilización y su entorno. Hablamos sobre la crisis global que está provocando la nube del volcán y que ya ha provocado pérdidas de entre 1500 y 2000 millones.

La crisis, recordémoslo, es de una magnitud formidable y ha sucedido de pronto, sin que seamos del todo conscientes de su importancia: repercusiones económicas peores que en el 11S, más de 7 millones de personas que no pueden regresar  a sus paises, -algunos casos particulares seguramente son dramáticos y puede que no seamos ni capaces de imaginarlos- y todo eso en un duro contexto de crisis. Lo que entre otras cosas, nos obliga a estar vigilantes para que las compañías no utilicen la nube como excusa.

Sea como fuere, las empresas piden que se reabran los espacios aéreos y creen que la medida de mantenerlos completamente cerrados ha sido precipitada. Hay una cierta confusión porque algunas compañías aéreas dicen haber sobrevolado esos espacios sin consecuencias, pero la OTAN afirma haber detectado problemas en algunos de los cazas con los que ellos también han experimentado.

Lo que desde luego no ha sido muy precipitada ha sido la reunión de Ministros de la UE por videoconferencia que ha tardado más de una semana en ser organizada. Se lo han tomado con calma, sí. Alguien debería recomendarles Skype, la próxima vez.

Pero en fin, en esa conversación Pilar me contó una anécdota preciosa. En el año 1971, cuando entró en erupción el volcán de Teneguía en La Palma, los aviones -entonces de hélice- desviaban su ruta de vuelo para que los pasajeros pudieran contemplar de cerca las explosiones de lava. Aquella variación de la ruta provocó algún susto pero lejos de amilanarse los pilotos siguieron efectuando  la visita guiada los dias siguientes.

Quizá sea  cierto, al fin y al cabo, que ya no se fabrican máquinas como las de antes.

Cito de una web: «En octubre de 1971, el nacimiento del volcán Teneguía hizo que la compañía Spantax programara vuelos especiales con aviones DC-4 y DC-7, con capacidad para 72 y 104 pasajeros, lo que palió en parte la grave carencia de plazas para viajar a la Isla. Durante el tiempo que duró la erupción, desde el 26 de octubre hasta el 18 de noviembre, resultó muy difícil conseguir una plaza de avión regular -o de barco- para trasladarse a la Isla, ya que tanto Iberia como Trasmediterránea, incomprensiblemente, mantuvieron su oferta habitual».

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2 Replica a este post
  1. Hombre… o que el volcán de la Palma es de juguete comparado con el islandés, o que las eyecciones del volcán islandes salen de debajo de un glaciar, donde el material en suspensión no sólo son cenizas y piroclastos sinó, debido al súbito enfriamiento partículas de vídrio mineral que pueden cortar el duraluminio del blindaje de un caza de la OTAN (por no hablar de lo que puede hacer con el fuselaje y motores de un avión comercial convencional, sea un reactor o un avión de hélices).

    Tela, a veces con la forma de afrontar noticias científicas. Ni siquiera los periodistas atináis con el nombre del volcán. Que no es Eyjafjallajökull (ese es el glaciar), sinó el Eyjafyoll. Que «kull» en islandés es la terminación para decir «glaciar» como el Vatnajokull.