En uno de los corredores marítimos más transitados del planeta, estos mamíferos están adaptando su lenguaje para sobrevivir al ruido antropogénico. Sin embargo, un estudio que detallan en Sinc, alerta de que la respuesta de las ballenas piloto tiene límites y no evita la pérdida de eficacia en su comunicación, con posibles consecuencias sobre la coordinación del grupo y la búsqueda de alimento.


El Estrecho de Gibraltar es un corredor biológico, pero también un embudo acústico saturado de ruido. Cada año lo cruzan más de 60 000 buques, en una de las rutas marítimas más transitadas del planeta. El ruido submarino es una forma de contaminación que no vemos, pero que tiene efectos muy reales en la salud animal. En este paisaje conviven varias especies de cetáceos, entre ellas la ballena piloto de aleta larga (Globicephala melas), también conocida como calderón común, que está catalogada como críticamente amenazada. A diario, ferris, cargueros y embarcaciones turísticas atraviesan el mismo espacio que utilizan estos animales para comunicarse.

Si en humanos la exposición prolongada al ruido ambiental se asociado con trastornos del sueño, incremento del estrés fisiológico y mayor riesgo de problemas cardiovasculares, para estos mamíferos marinos, las señales acústicas son fundamentales para sobrevivir. Les ayudan a orientarse, mantener la cohesión del grupo o coordinarse durante la búsqueda de alimento.

La presión humana es constante en este enclave. Cualquier aumento del ruido oceánico puede reducir el espacio en el que sus mensajes siguen siendo útiles. Un nuevo estudio, que cuenta con la participación del Centro Oceanográfico de Canarias y CIRCE, revela que este ruido en el Estrecho interfiere en su comunicación. Como respuesta, las ballenas piloto ‘levantan la voz’ para hacerse oír en un entorno cada vez más hostil.

“Algunos tipos de llamadas ya no pueden hacerlas más fuertes. Una vez que emiten vocalizaciones cerca de sus límites fisiológicos —como parece ser el caso de algunos de sus tipos de cantos—, ya no hay margen para compensar el aumento del ruido”, dice a SINC Frants H. Jensen, que lidera el estudio en la Universidad de Aarhus (Dinamarca).

«En el Estrecho de Gibraltar el tráfico marítimo siempre ha sido intenso, pero en las últimas décadas se ha diversificado y, en algunos casos, intensificado. No solo hablamos de grandes buques comerciales que cruzan entre el Atlántico y el Mediterráneo, sino también de ferris rápidos, embarcaciones recreativas, pesca y actividad de avistamiento de cetáceos», declara a SINC Ruth Esteban Pavo, coautora del trabajo, actualmente en el Centro Oceanográfico de Canarias (IEO-CSIC).

El ruido marítimo limita la comunicación

La investigación, publicada en Journal of Experimental Biology, se basa en el análisis de más de 1 300 vocalizaciones de 18 individuos. Los registros se obtuvieron entre 2012 y 2015 mediante dispositivos de succión colocados en los animales desde una embarcación científica. Estos aparatos medían el movimiento, la profundidad y el ruido ambiental antes de desprenderse y emerger a la superficie.

«Los calderones comunes del Estrecho constituyen una población única y aislada, reconocida por la UICN como en peligro crítico de extinción. Su diferenciación genética y la escasa conexión con otros grupos del Mediterráneo refuerzan su vulnerabilidad», subraya a SINC Philippe Verborgh, coautor de la investigación.

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