La artista Irene de Andrés inauguró ‘Por un lugar en el sol’, una exposición individual que recorre la historia de dos proyectos vacacionales, la Ciudad Residencial Tiempo Libre de Marbella y el de Caparica, en Portugal, construidos bajo los regímenes de Franco y Salazar y su transformación en la era del turismo de masas. Y según detallan en ElDiario.es, el trabajo evidencia cómo las dictaduras convirtieron el turismo en una herramienta política y de fomento del modelo de concepción nacionalcatólica del ocio y de familia tradicional y católica que querían imponer.

¿Qué tiene que ver una ciudad de vacaciones construida por el franquismo en Marbella y una colonia de vacaciones levantada durante el Estado Novo portugués en Caparica? Para la artista ibicenca Irene de Andrés, ambas forman parte de una misma historia que arranca en la Italia de Mussolini y atraviesa los proyectos turísticos de las dictaduras europeas: la del turismo como herramienta política, como promesa de bienestar y, finalmente, como industria capaz de transformar radicalmente los territorios que ocupa. En la exposición Por un lugar en el sol, inaugurada en la Galería Juan Silió en Madrid, la creadora confronta archivos, propaganda, fotografías, vídeos y souvenirs para seguir la evolución de ambos complejos desde su nacimiento bajo regímenes autoritarios hasta el presente.

El punto de partida del proyecto fue un trabajo sobre Prora, el gigantesco complejo turístico que la Alemania nazi comenzó a construir en 1936 en la isla de Rügen como ciudad de vacaciones para trabajadores y que, décadas después, acabó convertido en apartamentos de lujo. En  ‘Por un lugar en el sol’, la artista conecta Marbella y Caparica, dos ciudades de vacaciones levantadas bajo dictaduras que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial y que compartían una concepción nacionalcatólica del ocio: la Ciudad Residencial Tiempo Libre de Marbella, levantada durante el franquismo, y la Colónia de Férias Um Lugar ao Sol de Caparica, construida durante el Estado Novo. Separadas por más de 700 kilómetros, nacieron de una lógica común. “Ambas ciudades de vacaciones están pensadas para las familias de clase trabajadora, en lugares donde la principal fuente de ingresos desde hace años es el turismo”, resume De Andrés.

El origen de este modelo se remonta, según la creadora, a la Italia de Mussolini y la Opera Nazionale Dopolavoro, que la Alemania nazi replicaría con el programa Kraft durch Freude. Portugal desarrolló su propia versión a través de la Fundação Nacional para a Alegria no Trabalho y España mediante la Obra Sindical de Educación y Descanso. Todos estos organismos respondían, en parte, a una conquista previa del movimiento obrero: el derecho al descanso, la reducción de la jornada laboral y las vacaciones pagadas. “Los regímenes dictatoriales no podían ignorar esas conquistas, pero sí apropiárselas y organizarlas desde el Estado. Era una propaganda muy potente”, resume la artista.

En estas colonias, la familia nuclear y católica ocupaba además un lugar central. De Andrés aborda esta cuestión desde las teorías de la reproducción social: “Tenían ese interés por mantener a la familia unida, la familia nuclear, nacional y católica, y al final es una forma también de seguir reproduciendo trabajadores”

La Ciudad Residencial de Marbella se construyó además en paralelo a los llamados pueblos de colonización franquistas, diseñados para intentar frenar el éxodo rural de la población española. Pero aquellas vacaciones tampoco estaban abiertas indiscriminadamente a toda la clase trabajadora. En Marbella, los principales usuarios eran funcionarios del Estado y trabajadores de empresas vinculadas al Instituto Nacional de Industria. “No necesariamente eran franquistas, pero eran trabajadores más amparados por el Estado”, matiza Irene de Andrés.

En Marbella, la Ciudad Residencial Tiempo Libre sobrevivió a la Transición y mantuvo durante décadas una función de turismo social. Con la transferencia de las estructuras de patrimonio sindical, pasó a manos de Comisiones Obreras y UGT y siguió ofreciendo vacaciones de bajo coste, incluidos viajes del Imserso y programas para personas con discapacidad.

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