El fentanilo, un potente opioide sintético, ha cobrado notoriedad a raíz de la crisis sanitaria que afecta desde hace años a los Estados Unidos. Esta droga y las que son similares son entre 50 y 100 veces más potentes que la heroína o la morfina. Y desde Naciones Unidas alertan de que su manipulación incorrecta puede tener consecuencias fatales, e incluso, causar la muerte tanto para quienes las consumen como para los agentes que luchan contra ellas y deben incautarlas.


Según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDC), se incautaron más de 800.000 kg de precursores químicos de drogas sintéticas en puertos de todo el mundo en 2022. Esta enorme cifra demuestra que el tráfico mundial de drogas sintéticas como el fentanilo y los ingredientes utilizados para fabricarlas depende en gran medida de los puertos de entrada legales y comerciales.

Con miles de contenedores que llegan diariamente, los funcionarios de control portuario constituyen una línea de defensa clave contra la proliferación de drogas sintéticas procedentes del exterior. Pero podrían estar en peligro, ya que las incautaciones de estas drogas no están exentas de riesgos para los funcionarios encargados de hacer cumplir las leyes al respecto. Dado que las drogas sintéticas como el fentanilo son entre 50 y 100 veces más potentes que la heroína o la morfina, su manipulación incorrecta puede tener resultados fatales para los agentes de primera línea.

«Ha habido situaciones en las que han muerto agentes porque abrieron un paquete como si fuera cocaína y resultó ser fentanilo», señaló la oficial de ciencias forenses de la UNODC en Costa Rica, Marcela Ruiz. Para hacer frente a este problema, la agencia ha reforzado la capacidad de las fuerzas del orden y de los expertos en control en los puertos internacionales mediante una formación práctica sobre identificación de drogas. Los participantes aprenden a manipular con seguridad y a utilizar equipos de protección personal adecuados, así como a deshacerse correctamente de las drogas sintéticas.

El fentanilo, un potente opioide sintético, ha cobrado notoriedad a raíz de la crisis sanitaria que afecta desde hace meses a los Estados Unidos. Pero ¿qué son exactamente los opioides y, en particular, el fentanilo? En The Conversation resumen unas cuantas claves.


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Elena Escubedo Rafa, Universitat de Barcelona

Los opioides, como la morfina, la oxicodona y el fentanilo, son sustancias químicas derivadas originalmente del opio (opiáceos). Aunque se utilizan como anestésicos, su aplicación principal es como analgésicos potentes, especialmente para aliviar dolores intensos asociados a procesos cancerígenos o postquirúrgicos.

A corto plazo, estos opioides pueden aliviar el dolor y generar una sensación de relajación y bienestar al usuario. Pero es importante señalar que no afectan a la causa subyacente, sino que alteran la forma en que se percibe el dolor. Eso implica que la causa persiste, y el dolor regresa una vez que cesa el efecto del analgésico.

A pesar de su eficacia clínica, el uso prolongado de opioides genera tolerancia a sus efectos, lo que implica la necesidad de aumentar la dosis periódicamente para mantener la misma eficacia. Sin supervisión médica, esta situación puede derivar fácilmente en una adicción. A dosis elevadas, la mortalidad se produce fundamentalmente por parada respiratoria. Un ejemplo conocido es la mortalidad por sobredosis de heroína, un derivado de la morfina.

Todo empezó con la oxicodona y la hidrocodona

La crisis actual en Estados Unidos se originó a finales de los años 90 debido a la permisiva prescripción de oxicodona (OxyContin®) e hidrocodona (Vicodin®), así como a la falta de control sobre su uso, desencadenando una epidemia de adicción. En un intento por frenarla, resurgió el consumo de heroína y apareció el de fentanilo entre estos adictos. Este opioide, totalmente sintético y económicamente accesible, ganó terreno debido a su facilidad de síntesis y a su potencia, unas 100 veces mayor que la de la morfina.

Gran parte del fentanilo que circula de forma ilícita en Estados Unidos se fabrica en laboratorios clandestinos de México (Sinaloa), utilizando materias primas procedentes de China. Su introducción en Estados Unidos rara vez es como fentanilo puro: lo más habitual es encontrarlo como adulterante en otras drogas ilegales como heroína, cocaína o anfetaminas.

Asimismo, se ha hecho popular el contrabando de analgésicos conocidos (oxicodona, hidrocodona) que contienen clandestinamente fentanilo, para suplir la falta de prescripción de esta sustancia, y también para fidelizar al consumidor.

De 3 000 a 106 000 muertes anuales

Las muertes por sobredosis de fentanilo a menudo se deben al consumo, a veces involuntario, de esta sustancia por parte de un usuario que cree que está adquiriendo heroína o analgésicos legales. En Estados Unidos, las muertes por sobredosis de drogas aumentaron drásticamente de 2 000-3 000 anuales en 2012 a 106 000 anuales en los últimos años, de las cuales más de 70 000 se deben al fentanilo (150 por día).

Esta situación ha alcanzado proporciones epidémicas en ciertos sectores de la sociedad, exacerbada por su combinación con alcohol, heroína o metadona, potenciando los riesgos de adicción, sobredosis y muerte.

Los consumidores de fentanilo parecen zombis

Si nos preguntamos por qué los consumidores de fentanilo se describen como “zombis” o “muertos vivientes”, la respuesta es múltiple:

¿Por qué las crisis con drogas ilegales son recurrentes en EE. UU. y no en Europa?

Salta a la vista que las crisis sanitarias relacionadas con drogas ilegales no son una novedad en Estados Unidos. Así pues, nos deberíamos preguntar por qué es una cuestión recurrente en la historia de ese país.

La facilidad para obtener recetas de opioides, aún sin una clara necesidad médica, ha contribuido a este problema. Algunos médicos, incluso frente a la dependencia de los pacientes, continúan recetando dosis cada vez mayores. En contraste, en Europa la prescripción de estos medicamentos está estrictamente regulada y supervisada, evitando así la magnitud de esta crisis a nivel continental, ya que la adicción es una enfermedad que no conoce fronteras.

Sin embargo, esta lucha no se limita únicamente al ámbito sanitario: sus tentáculos se extienden al campo delictivo. La creciente presencia del fentanilo en México ha transformado el mercado ilegal del narcotráfico. Cárteles y redes ilegales han inundado este mercado negro con grandes cantidades de fentanilo, desplazando a otras sustancias como la marihuana y la heroína como fuentes principales de financiación para estas organizaciones criminales.

En España, se ha observado un ligero aumento en la prescripción médica de tratamientos a base de fentanilo de liberación inmediata, la forma más adictiva, siendo que un porcentaje significativo de éstos no cumple con las condiciones de uso autorizadas. Esto podría indicar una mejora en el abordaje del dolor y, por ende, en la calidad de vida de los pacientes afectados por cuadros graves de dolor.

No obstante, la Agencia Española del Medicamento y el sistema de salud se mantienen en alerta constante, vigilando de cerca el uso de estos medicamentos. Actualmente, no se detecta un uso significativo de fentanilo entre la población adicta española. En este país, las principales adicciones a sustancias ilegales se concentran en la cocaína y el cannabis, mientras que, en el ámbito de sustancias legalizadas, el alcohol, el tabaco y los hipnosedantes continúan siendo preocupaciones prioritarias.The Conversation

Elena Escubedo Rafa, Chair professor, Universitat de Barcelona

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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