Junto a su pareja de entonces, la escritora norteamericana Phyllis Turnbull, Gloria Fuertes creó en los años 50 el primer servicio móvil de lectura infantil en España. La poeta circulaba por los pueblos de la sierra de Madrid con su vespa llevando libros a los niños de las zonas rurales donde las instituciones no llegaban. En Sinc han recuperado esta historia poco conocida que mezcla cultura, infancia y memoria.


“Dios me hizo poeta y yo me hice bibliotecaria”, escribió Gloria Fuertes (Madrid, 1917), en un poema de su libro Todo asusta. Durante su vida, la poeta tuvo muchos trabajos: contable, secretaria, taquígrafa, profesora, en la televisión… Pero uno de sus favoritos fue el de bibliotecaria. Por eso, a mediados de 1950, fundó junto a la que era su pareja, la hispanista norteamericana Phyllis Turnbull, la primera biblioteca infantil ambulante de España.

Con solo su vespa y libros comprados por ellas mismas, Gloria se recorría los pueblos de la sierra de España para llevar el placer de la lectura a las zonas rurales donde no llegaban otras instituciones. Este hecho queda a menudo enterrado entre sus logros como poeta, pero también porque Gloria no se lo ponía fácil a sus futuros biógrafos y con frecuencia mentía sobre su vida dando respuestas contradictorias en las entrevistas.

“Gloria Fuertes falseaba muchos datos de su vida de manera juguetona. Lo mismo decía que tenía seis hermanos mayores o que era la mayor de sus hermanos o que no tenía hermanos”, cuenta a SINC Honorio Penadés, bibliotecario en la Universidad Carlos III de Madrid.

El libro como jefe

Penadés relata que en los años 70 él y la poeta vivían en el mismo barrio de Madrid: “de pequeño me la encontraba en la compra, en la ferretería, en la papelería, cruzando la calle”. Por eso, en 2017, en el centenario del nacimiento de Gloria, Penadés se propuso la tarea de indagar sobre la vida de la autora para ver cuántos datos biográficos era capaz de verificar.

Como cuenta el bibliotecario en su publicación en La revista del mundo bibliotecario, encontró un prólogo autobiográfico de la antología Obras Incompletas (1975) en el que Gloria decía: “En 1955 volví a estudiar, hice biblioteconomía e inglés durante cinco años, todo esto sin dejar de trabajar ni de escribir. Fue una de mis épocas más felices. Aquellos años, en que ya al frente de una Biblioteca Pública, aconsejaba y sonreía a los lectores. Mi jefe era el libro, ¡yo era libre!”. “Este texto me hizo indagar qué fue lo que estudió, dónde lo estudió y al frente de qué biblioteca pública estuvo”, dice Penadés.

Gloria y Phyllis

Gloria estudió allí tres años, del 1955 al 1958. Y ahí fue donde conoció a quien sería su pareja durante más de 15 años, Phyllis Turnbull, que entonces era la directora del Instituto Internacional. Phyllis, originaria de Estados Unidos, provenía de una familia adinerada. Con ese dinero, construyó una pequeña casa en Chozas de la Sierra, que ahora corresponde al pueblo madrileño de Soto del Real. Quien diseñó la casa fue Matilde Ucelay, la primera mujer titulada como arquitecta en España, que también estaba vinculada al círculo del instituto.

Cuando Gloria ya trabajaba como bibliotecaria en prácticas en el Instituto Internacional de España, Gloria y Phyllis se mudaron a Chozas de la Sierra. Consol Aguilar Ródenas, catedrática de Escuela Universitaria de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Universidad Jaume I, cuenta en un artículo publicado en la revista Social and Education History que en esta casa se organizan reuniones frecuentes de amistades y escritoras y escritores de la época.

Penadés cuenta que Gloria y Phyllis “pasaban largas temporadas en esa casa, y empezaron a tener mucho contacto con la gente del pueblo. Por eso, decidieron traer libros a la región, que solo contaba con una escuela. Con el dinero de Phyllis, ambas improvisaron un mostrador en el ayuntamiento del pueblo para prestar libros a los niños. “Desde allí, Gloria se encargaba de hablar con los niños. Me imagino que tendría largos diálogos con ellos y les contaba cuentos”, dice el bibliotecario.

Desde esta protobiblioteca, llevaron grandes colecciones de libros, pero sin un sistema de préstamo ni de catalogación. “El proceso era algo mucho más simple. Decían: te presto estos cuentos, ya los devolverás. Era algo muy cercano”, dice Penadés. “Es probable que fuera de los primeros contactos de Gloria con el mundo de los niños, porque en ese entonces no escribía poesía infantil. Debió de dejar una huella en ella”. Y decidió ir más allá: ir por los pueblos de la sierra de Madrid con su vespa para llevar la lectura a donde no llegaban las bibliotecas. Creó así la primera biblioteca infantil ambulante de España.

Biblioteca motoambulante

Escribe Penadés en su artículo: “Gloria se recrea en el recuerdo de su biblioteca motoambulante cuando dice en 1975: voy por los pueblos, aldeas y provincias de España. A los que no compran libros (porque allí no llega el libro, o el dinero, o la alfabetización) yo, humildemente, les llevo mi libro vivo, en mi voz, cascada, rota, en mi cuerpo cansado y ágil”. También dijo en un poema en su libro Poeta de guardia, haciendo referencia a la maleta de su vespa con la que recorría los pueblos de Madrid:

Ángel Esteban del Campo, catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, también habla de esta iniciativa de Gloria en su artículo publicado en Mi biblioteca. “En un país sumido todavía en la pobreza y la falta de recursos para la educación, Gloria Fuertes se lanzó a las llanuras, como don Quijote, a regalar libros a los niños, a enseñarles a leer y entusiasmarlos con la lectura, y a tratar de paliar un poco el enorme analfabetismo que sacudía a la España de la posguerra”, escribe Esteban.

Pero la pareja no se quedó ahí. Según cuenta Jorge Cascante en su libro El libro de Gloria Fuertes (Blackie Books, 2021), “Phyllis idea y financia un programa de ayudas económicas gracias al cual logra escolarizar al cien por cien de los niños y niñas de Chozas de la Sierra”. Hoy en día, existe una calle en el actual Soto del Real en homenaje a la norteamericana.

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