En la Zona de Exclusión en el entorno de la central nuclear se han detectado cambios en la actividad de mamíferos durante el periodo de conflicto, con variaciones en pautas habituales registradas mediante cámaras trampa antes y después de la invasión rusa. Es lo que ha determinado un estudio, del que se hacen eco en Sinc, que ilustra el impacto de las guerras a nivel ambiental. Los resultados apuntan a respuestas rápidas de la vida silvestre ante la presencia de guerra, especialmente en momentos de mayor intensidad bélica.


Los conflictos armados no solo tienen consecuencias devastadoras para las personas, sino que también generan una serie de impactos, letales y no letales, sobre el medio ambiente. Sin embargo, estudiar estos efectos en el terreno resulta especialmente complicado para la comunidad científica, debido al riesgo que implican las zonas de guerra y a las fuertes limitaciones de acceso.

Un estudio internacional ha logrado sortear estas limitaciones al aprovechar un sistema de monitorización preexistente. El estudio, publicado en Science, analiza las respuestas de comportamiento inmediatas de la fauna salvaje ante la invasión y ocupación militar rusa de la Zona de Exclusión de Chernóbil en Ucrania (CEZ, por sus siglas en inglés) entre febrero y abril de 2022.

“Al estar ya instaladas las cámaras trampa cuando ocurrió la invasión usamos esta oportunidad única de un experimento no planeado. La mayoría de las cámaras se pudieron recuperar meses después, en noviembre de 2022, por los investigadores locales con la ayuda de las fuerzas del ejército ucraniano, ya que la zona estaba minada. Ocho cámaras no han podido ser recuperadas aún”, dice a SINC Nuria Selva, de la Estación Biológica de Doñana (EBD), que participa en el estudio.

Respecto a los riesgos radiológicos, la investigación siguió el protocolo y las normas de seguridad establecidas normalmente para la presencia y trabajo en Chernóbil. “Todas las actividades de investigación científica en CEZ están reguladas por las directrices de seguridad del OIEA y por decretos nacionales. Estas normas como, por ejemplo, no recoger bayas, frutas ni setas, y no usar pantalones cortos ni calzado abierto. forman parte del entorno habitual de trabajo, y los investigadores suelen seguirlas sin considerarlas especialmente difíciles de cumplir”, explica Svitlana Kudrenko, de la Frankfurt Zoological Society y las universidades de Friburgo (Alemania) y del Sudeste de Noruega, que lidera el estudio.

Respuestas distintas según la especie

El equipo comparó los registros obtenidos antes, durante y después de la ocupación con los del mismo periodo de 2021. De esta forma, los investigadores detectaron cambios significativos en la actividad de la fauna. Los mamíferos modificaron su comportamiento de forma casi inmediata ante el conflicto. En concreto, redujeron su actividad durante la noche y en los días en que la intensidad de las operaciones militares fue mayor.

Más allá de esta tendencia general, los investigadores observaron diferencias notables entre especies. “Los zorros rojos mostraron una menor actividad nocturna durante la ocupación rusa en comparación con 2021, cuando se predecía que mantenían patrones de actividad similares durante el día y la noche”, asegura Kudrenko.

Por su parte, los ciervos rojos fueron muy activos durante el día, “probablemente porque prefirieron los paisajes abiertos de la zona central de la CEZ, más alterados por las actividades militares, frente a áreas con mayor cobertura forestal”, añade la experta. Es posible que, debido a su mayor actividad diurna en 2022 respecto a 2021, redujeran su actividad nocturna, momento en el que son más vulnerables a la depredación.

Sin embargo, en fechas con anomalías térmicas (incendios forestales, bombardeos o fuego de artillería detectados por satélite), los ciervos rojos mostraron una actividad nocturna ligeramente superior, lo que sugiere que estas perturbaciones alteraban su comportamiento y podían provocar desplazamientos más intensos por el paisaje. “La liebre europea, por el contrario, pareció adoptar una estrategia de inmovilidad o freeze response: en el año previo a la ocupación era más activa durante la noche que en 2022”, subraya Kudrenko.

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