Diplomáticos españoles, por su cuenta y riesgo, protegieron, ocultaron y ayudaron a escapar a miles de judios perseguidos por los Nazis. Lo hicieron asumiendo una responsabilidad que iba más allá de su compromiso profesional, y lo hicieron arriesgando sus trabajos e incluso sus vidas. Algunos, como Sanz Briz, llegaron a multiplicar por cinco la lista de hombres salvados por el famoso Schindler, aunque el reconocimiento les ha tardado mucho más en llegar.

LOS H?ROES ESPA?OLES

Sus objetivos fueron exclusivamente humanitarios. Una reciente exposición en Madrid ayudó a conocer sus nombres. Ángel Sanz Briz en Hungría, Jorge Perlasca en Italia, José Rojas Moreno en Rumanía, José Ruiz Santaella y su mujer Carmen Schrader en la mismísima alemania, Sebastián Romero Radigales en Grecia, Julio Palencia y Tubau en Bulgaria, Alfonso Fiscowich, Bernardo Rolland de Miota y Eduardo Propper de Callejón, en Francia son algunos de los nombres de estos héroes silenciosos.

«Denunciaron la persecución racial ante su propio Gobierno, intercedieron por las víctimas ante las autoridades alemanas y los Gobiernos colaboracionistas de los países ocupados y presionaron para hacer valer la protección consular española a favor de los judíos sefardíes», señala la web de la muestra.

MEMORIA HIST?RICA

Las peticiones que hacían llegar nuestros diplomáticos a las autoridades españolas eran dramáticas pues sus gestos apenas podían evitar la intolerancia del dictador Francisco Franco, que mantenía una política ambigua para no enfrentarse ni con Hitler ni con los aliados:

«el compromiso de España con Alemania es muy estrecho y en 1941 una fuerza militar de 18.000 hombres – la División Azul – acude al frente ruso, donde permanece en combate hasta 1943. Con todo, en España nunca se promulgaron leyes antijudías, si bien la retórica del Régimen alude con frecuencia a la conspiración judeo-masónica.»

«España adopta una posición vacilante y restrictiva. Permite que unos pocos judíos europeos de origen sefardí pasen exclusivamente en tránsito por España hacia un tercer país. […] Concluida la Guerra, el Gobierno español, para congraciarse con los países aliados, exhibe la labor realizada por los diplomáticos españoles y la presenta como resultado de una política oficial.»

EL COMIENZO DEL HORROR

Las leyes de Nuremberg promulgadas el  15 de septiembre de 1935 o La Ley de Ciudadanía establecieron que ésta sólo se aplicaría a los ciudadanos de sangre alemana o equivalente, que mostrasen su voluntad y disposición de servir al pueblo alemán y al Reich con lealtad. Tres años antes, Hitler había presentado en Munich, con un clamoroso éxito, el programa nacionalsocialista que dejaba de considerar a los judíos como miembros de la nación alemana.

La sociedad alemana comenzó a vivir un proceso de transformación moral que condujo a aceptar e incluso apoyar el proceso conocido como ??La Solución Final? del 20 de enero de 1942:

 La Conferencia de Wannsee aprobó un plan general de medidas administrativas, materiales y financieras para llevar a cabo la solución final de la cuestión judía. Lo que había empezado como exclusión civil y económica de los judíos llevó al aislamiento en ghetos, a la confiscación de bienes, la deportación y finalmente al exterminio.

Pasaporte provisional expedido a una judia

35.000 judios, aproximadamente, consiguieron escapar del Holocausto entre 1939 y 1945,  a través de España. Se estima que 15.000 lo hacen de forma ilegal y 20.000 con un visado expedido por un cónsul español.

 

 

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