No hubo portadas de periódicos para él el día del accidente, ni apenas espacio en los medios. Tampoco declaraciones institucionales. Tuvo que llegar la noticia de su muerte para que la gesta que vivió Juanjo Garra -cuatro días luchando por la vida a casi 8000 m- se convirtiera en noticia.

La soledad del alpinismo, confundió a los medios. Donde se estaba desarrollando una desesperada batalla por la vida, creyeron estar ante una noticia puramente deportiva. Pero fue una apuesta por la solidaridad, por el trabajo en equipo, por la supervivencia y por la superación, una formidable historia humana, con desenlace fatal.

El pasado jueves, el resbalón de un sherpa arrastró a Garra. Durante la caida se rompió el tobillo. Su compañero de ascensión, el propio sherpa, bajó a pedir ayuda y volvió después a reunirse con él. Se inició una desesperada operación de rescate contra reloj.

La batalla del alpinista Juanjo Garra en el pico Dhaulagiri si atrajo la atención de la red: cuatro noches de lucha entre la vida y la muerte, a casi 8.000 m, a la intemperie y con un tobillo roto.

Tanto Sebastián Álvaro, que ayudaba en la coordinación del rescate desde Turquía, como Jesús Calleja, que estaba en contacto con la familia, convirtieron la red en un gabinete de seguimiento. 

Juanjo Garra había trabajado con ambos. Con el primero como cámara de altura para el programa «Al filo de lo imposible» y con el segundo, en su programa «Desafío Extremo».

A TIEMPO REAL EN LA RED, ESCASO SEGUIMIENTO EN LOS MEDIOS

Las cuentas de Twitter de la revista desnivel, y del propio alpinista accidentado canalizaron toda la información.

El alpinista Ferran Latorre, que participó en la operación llevaba consigo un sistema de seguimiento por satélite conectado a la internet que permitía observar su posición a tiempo real. Latorre, en unas declaraciones a RAC1 confesó después: «Hemos estado muy cerca», pero «hemos llegado tarde».

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