Su historia se conoció en 2019 y tocó muchas fibras sensibles, convirtiéndose en icono de la Memoria Histórica. En una exhumación de una fosa en Palencia aparecieron los restos de Catalina Muñoz, fusilada en 1936, y junto a ellos un sonajero destinado a Martín, el más pequeño de sus cuatro hijos. La ARMH se lo devolvió 83 años después y el impacto que causó su caso, junto al simbolismo del objeto, provoco que se convirtiera en un icono de la memoria histórica que ha aparecido en libros y que inspiró incluso una canción, «el sonajero de Martín». Ahora Martín Díaz Muñoz ha fallecido a los 87 años. Emilio Silva, presidente de la ARMH, recuerda su figura en el programa La Cafetera de Radiocable.com y enfatiza: «tuvo la suerte, entre comillas, de recuperar el sonajero que nunca debió dejar de estar en sus manos», añadiendo que este caso representa todo lo que se perdió entonces.

Silva apunta que este caso es la «representación de una violencia sin límites por parte de los golpistas en 1936″ porque, recuerda, tuvo lugar en Palencia, donde no hubo guerra y los restos aparecieron en un antiguo cementerio y fosa común encima del cual se construyó un parque infantil. Añade que la ARMH consiguió los permisos para hacer una excavación sabiendo, por testimonios, que podrían encontrar los restos de Catalina Muñoz fusilada en agosto de 1936, pero sin sospechar que aparecería también el sonajero de celuloide de colores que «representa todo lo que se perdió: un sonajero, pero también el futuro para mucha gente, proyectos de vida, ilusiones, etc.»

Rememora cómo en 2019, la ARMH organizó un acto en el mismo parque de la Carcavilla de Palencia donde se encontró el sonajero para entregárselo a Martín Díaz Muñoz, que tenía entonces 83 años: «Estaba allí conmocionado. No podía ni hablar cuando le entregamos los restos de su madre y el sonajero» describe, añadiendo que Pedro Almodóvar incluyo una escena similar en su película «Madres paralelas».

Emilio Silva subraya que en sus exhumaciones, se han encontrado todo tipo de objetos, desde dentaduras postizas hasta gafas, pero «encontrar ese sonajero rompió un cierto orden de edad de quienes eran los perseguidos y puso sobre la mesa el destrozo que supuso para mucha gente esa violencia y lo que tuvo que ser para un bebé que detuvieran a su madres cuando lo llevaba en brazos». Explica que en aquella época las mujeres trabajadoras llevaban a sus hijos pequeños a todas partes y que probablemente Catalina Muñoz portaba un mandil en el que estaba el sonajero y es lo que apareció cuando exhumamos sus restos.

«Ahora ha muerto Martín que tuvo la suerte, dicho entre muchas comillas, de vivir el acto de entrega del sonajero que nunca debió dejar de estar en sus manos», asegura el presidente de la ARMH. Y defiende «yo haría una estatua de Martín en ese parque sujetando ese sonajero» porque considera que también evidencia el interés en la infancia que caracterizó a la II República cuando por primera vez los niños empiezan a mirarse como un colectivo que hay que cuidar y educar.


[Intervención completa de Emilio Silva a partir de 1:20:00]

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El sonajero

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