Cuando llegue la próxima pandemia, que sabemos que llegará, el mundo debe estar preparado para hacerle frente. Ahora mismo, sigue sin estarlo. La ONU ha impulsado una reunión de alto nivel de la Asamblea General sobre la preparación para afrontar la próxima pandemia. Y Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud urge a los Estados a cerrar el PABS, el sistema de acceso a patógenos y reparto de beneficios, «la última pieza del rompecabezas» que impide que el Acuerdo sobre Pandemias entre en vigor: «El momento es ahora».

Cinco años después de que el COVID-19 matara a millones de personas, destrozara los sistemas sanitarios, trastocara vidas y llevara la economía mundial a un virtual punto muerto, el mundo intenta asegurarse de estar mejor preparado para la próxima pandemia. La necesidad es aún mayor en medio de las crecientes amenazas a la estabilidad y la seguridad globales que suponen las enfermedades infecciosas emergentes, así como las crisis climáticas y los conflictos.

El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió ante la Asamblea General de la ONU que el mundo sigue sin estar preparado para la próxima pandemia y urgió a los Estados miembros a completar el sistema de acceso a patógenos y reparto de beneficios (PABS), la pieza que falta para que el Acuerdo sobre Pandemias de la OMS pueda aplicarse plenamente.

«El momento es ahora para llevar a buen término el PABS», exhortó, advirtiendo de que cualquier nuevo retraso tendrá consecuencias cuando se produzca el próximo brote. «Nadie está seguro hasta que todos lo estén», añadió, recuperando la fórmula que se hizo célebre durante la pandemia. Tedros hizo esa advertencia en el marco de una reunión de alto nivel de la Asamblea General acerca de la preparación para afrontar la próxima pandemia. Recordó que, en 2017, cuando le preguntaron si el mundo estaba preparado para una nueva pandemia, su respuesta fue «no». Dos años después llegó la COVID-19.

El director de la OMS recordó que la COVID-19 causó más de 20 millones de muertes adicionales[MF1] y más de 10 billones de dólares en pérdidas para la economía mundial. Desde entonces, la agencia ha impulsado iniciativas para reforzar la vigilancia epidemiológica, las capacidades nacionales, el acceso a vacunas y otros insumos médicos, y la capacidad internacional de respuesta.

Los Estados, por su parte, han reforzado el marco jurídico internacional con enmiendas al Reglamento Sanitario Internacional y, el año pasado, con la adopción del Acuerdo sobre Pandemias de la OMS.

Guterres: «Ningún país puede protegerse solo»

El Secretario General de la ONU, António Guterres, en un mensaje leído por la vicesecretaria general, Amina J. Mohammed, subrayó que la pandemia demostró una realidad fundamental: «ningún país puede protegerse solo» ante una amenaza sanitaria mundial. «Nuestra responsabilidad ahora es transformar esa lección en una preparación duradera», declaró, y pidió reforzar los sistemas de salud, movilizar la ciencia y apoyar a las comunidades y al personal sanitario local. Mohammed añadió que «el sistema PABS es crítico para desbloquear todo el potencial del Acuerdo sobre Pandemias. No hay tiempo que perder».

Guterres, que calificó la crisis del ébola en la República Democrática del Congo como un recordatorio de que los patógenos peligrosos siguen poniendo a prueba la capacidad colectiva del mundo, identificó tres prioridades: cubrir los importantes déficits de financiación, adoptar un enfoque «Una sola salud» que vincule la salud humana con la animal y la medioambiental, y garantizar un acceso equitativo a las herramientas que salvan vidas. «Cuando las comunidades están protegidas, todos estamos protegidos», afirmó.

Por qué importa esta reunión

Los virus, como el COVID-19, no respetan fronteras. Un brote detectado en un país puede propagarse rápidamente por todo el mundo, poniendo en riesgo a las personas en todas partes. Eso hace que la vigilancia, el intercambio de datos, la investigación y el desarrollo, así como el acceso a vacunas, diagnósticos y tratamientos, sean prioridades internacionales.

También es la razón por la que la salud humana, animal y medioambiental se tratan ahora como un solo sistema conectado; más del 60 % de las enfermedades infecciosas emergentes saltan a los humanos desde los animales, por lo que una vigilancia rigurosa en esa interfaz entre humanos, animales y medio ambiente es fundamental.

La brecha de la equidad

El COVID-19 dejó al descubierto las marcadas inequidades sobre quién tenía acceso primero a las vacunas, las pruebas y los tratamientos. Los países más ricos con capacidad de fabricación estaban mucho mejor preparados que los más pobres. Pero la cuestión de la equidad es más amplia que el acceso a vacunas, terapias y diagnósticos. También incluye el acceso equitativo a habilidades, recursos y financiación.

Cerrar esa brecha es el argumento central para tratar la prevención, la preparación y la respuesta como una cuestión internacional y no puramente nacional.

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