El Tratado sobre el Espacio Exterior se firmó hace casi 60 años para evitar que se pudieran desplegar armas en órbita y la militarización del cosmos. Pero siempre ha carecido de un mecanismo de verificación fiable. Ahora un estudio de simulación, que detallan en Sinc, demuestra que microsatélites equipados con sensores avanzados de neutrones podrían verificar el Tratado sobre el Espacio Exterior a kilómetros de distancia, y detectar el uranio de cabezas nucleares ocultas.

En 1967, en plena Guerra Fría, la militarización del cosmos era un asunto que traía de cabeza a las principales potencias mundiales. Para ello, se firmó el Tratado sobre el Espacio Exterior, un instrumento que desde entonces ha funcionado como el pilar jurídico para evitar el despliegue de armas en órbita. Fue ratificado por 117 países, incluidos gigantes geopolíticos como Estados Unidos, China y Rusia.

Sin embargo, el tratado siempre ha adolecido de un talón de Aquiles flagrante: la falta absoluta de mecanismos técnicos y científicos prácticos para verificar de forma independiente si un satélite ajeno oculta un dispositivo nuclear en su interior. La reciente preocupación de Washington sobre los ensayos de componentes del satélite ruso Kosmos 2553 no ha hecho más que reactivar las alarmas ante un potencial escenario de pulso electromagnético en la órbita baja terrestre.

Un estudio conceptual publicado este miércoles en la revista Nature propone, por primera vez en la literatura científica revisada por pares, una solución a este desafío técnico recurrente. Areg Danagoulian, investigador del Instituto de Tecnologías de Massachusetts (MIT), ha diseñado un modelo matemático que demuestra que es posible cazar la firma radiactiva de un arma termonuclear en el espacio empleando la propia radiación natural del entorno y un microsatélite del tamaño de una caja de zapatos.

El secreto de esta tecnología radica en los cinturones de radiación de Van Allen, franjas magnéticas que envuelven la Tierra repletas de protones de alta energía. Cuando estos protones cósmicos que viajan a velocidades ultrarrápidas impactan contra los materiales de alto número atómico que recubren las armas nucleares (principalmente las pesadas carcasas de uranio que configuran los dispositivos termonucleares) y se desencadena un proceso físico denominado espalación.

Esta reacción balística subatómica arranca un flujo continuo y distintivo de neutrones del propio blindaje del arma, lo que convierte involuntariamente al satélite sospechoso en un faro neutrónico.

Un escudo de diamantes contra el clima espacial

Esta propuesta del MIT pasa por construir un satélite inspector de formato CubeSat, una plataforma modular construida con componentes comerciales ampliamente accesibles en el sector aeroespacial. El corazón del instrumento consta de un sofisticado detector bidimensional de doble plano que combina centelleadores plásticos, capaces de discriminar formas de pulso, y delgadas placas externas de diamante monocristalino.

El entorno de la órbita baja terrestre es extremadamente hostil y está inundado de electrones y protones atrapados que saturarían cualquier lector nuclear convencional. Para superar este obstáculo, el modelo utiliza los detectores de diamante en un régimen de anticoincidencia electrónica.

Al funcionar de forma síncrona con el centelleador interno, las capas de diamante actúan como un veto: si una partícula cargada como un protón del cinturón de Van Allen atraviesa el sensor, este la registra al instante y descarta la señal, permitiendo que solo los neutrones puros procedentes del exterior sean contabilizados como eventos válidos.

A través de densas simulaciones con el kit de herramientas, Danagoulian evaluó el comportamiento del instrumento frente a las órbitas reales de activos espaciales bajo sospecha. Los cálculos indican que el diseño garantiza un diagnóstico estadístico fiable a lo largo de unos días.

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